sábado, 20 de octubre de 2012

AÑO I * Núm 3 - Navalcarnero Octubre de 2012



 

IRSE  

 

  Aristarco Milton 


 ¿Por qué no salir y empezar de nuevo?, ¿Por qué no irse?

He viajado por países en los que he visto seres humanos que viven con menos de dos euros al día, cuyas casas no tienen ventanas ni puertas. Los tejados son  de uralita o de cañas bien unidas para que el agua no caiga sobre sus cabezas cuando llueve.  La poca ropa que poseen  se ve desde fuera, como todo lo demás, colgada en una cuerda; sus utensilios son cuatro o cinco objetos de uso cotidiano.  Viven con lo poquísimo que poseen sin dar explicaciones, pero sus rostros desprenden paz, sus miradas son amplias, dulces  y sobre todo acogedoras. Cuando se les mira directamente,  sonríen, siempre  sonríen, y lo hacen de tal manera que a uno le produce un cierto rubor.

He visto palacios o casas ampulosas, con  guardias en la puerta, con grandes medidas de seguridad para que nada se escape de ellas.  El aire que las envuelve sugiere un cierto temor, ¿cómo o de qué manera se han ido configurando estas edificaciones? No se ve a  quiénes las habitan: salen de ellas en vehículos espléndidos cuando el portón del garaje se abre al exterior.

Cotidianamente veo en los medios de comunicación, que controlan sibilinamente a las personas,  a individuos que  se erigen en representantes de los trabajadores y  luchadores por la libertad y la igualdad. Son los que se sitúan en primera línea de las manifestaciones, portadores de magníficos relojes, quienes  se desplazan en los vehículos a los que antes he aludido y que lo explican, siempre lo explican todo. Cualquier acto puede ser justificado por cualquiera, para ello sólo se precisa dialéctica e inteligencia y ellos la poseen a raudales. Cuando se suben a la tribuna de un congreso o cuando desde la cabecera de las manifestaciones, a las que asisten intencionalmente, proclaman sus propuestas  olvidan declarar la verdad de sus auténticas vidas. Nada es diáfano excepto su nauseabunda pequeñez moral.  ¡Qué poco  se semejan  sus miradas a las de aquellas  personas de las casas sin puertas ni ventanas!

Hace ya mucho tiempo que dejé de creer en ellos, en todos ellos.   Cuando un político afirma la necesidad de dar un sentido más verdadero y auténtico a sus palabras o de ser más ético en la aceptación de ciertos valores, lo que en realidad pretende afirmar no es otra cosa que la siguiente: su moral o sus códigos morales son más válidos que aquellos  a los que está criticando, que algo es bueno cuando es bueno para él, y que es malo o negativo cuando no sirve a sus propios intereses  y por ello lo considera poco ético, cuando en realidad y en rigor tendría que considerarlo no acorde con su moral o  con  la  del  grupo al que pertenece. Todo esto siempre y cuando el que hace estas afirmaciones no oculte, consciente o inconscientemente, que él mismo ha ejecutado actos análogos a los que ahora  reprueba.

Lo cierto y preocupante es que  todo esto lo podemos verificar en la actualidad con demasiada frecuencia. La cuestión es: ¿qué valores están en crisis? Ante la supuesta corrupción moral del otro, se genera la crítica o el desprecio. El   discurso político tan  en auge,  en el que  la palabra verdad aparece reiteradamente,   sirve de crítica al otro  esgrimiendo como justificación ideológica al grupo que lo mantiene.
  
Hay que ser capaz de reflexionar sobre las formas de vida particulares, lo cual no implica que cuando se actúa contrariamente a estos postulados, no se esté dentro de un universo legítimo, ya que gracias a que existe dicho universo, son  posibles el análisis y la valoración de los contenidos de los otros, aunque es innegable que muchos de ellos producen desasosiego. Produce desasosiego el increíble desprecio de la justicia, que cautiva del poder, deja inermes a los que no poseen nada. Produce desasosiego el increíble silencio del que tiene autoridad moral para hablar y no lo hace;  produce desasosiego  el que puede hacer algo para solucionar los auténticos problemas de nuestra enferma sociedad, porque tiene auténtico poder, y no hace más que ganar dinero y explicar desde una tribuna que no se  puede proceder de otro modo y que es culpa y lo ha sido siempre del hombrecillo de la casa sin puertas y sin ventanas, quien  pensó un día  pedir un crédito al  banco para adquirir una televisión  que probablemente  ya no tiene.

¿Saben ustedes que cuando se pronuncian estas palabras se nos esputa que somos demagogos, que estamos amargados, que somos muy molestos?  Cuando en alguna ocasión salimos a la calle detrás de los relojeros (portadores de buenos relojes)  se nos observa y se nos cuenta como tornillos oxidados. Pesados y aburridos resultan ya nuestros discursos para los grandes analistas, para los grandes banqueros, para los periodistas comprados, para los grandes políticos o mandatarios,  aquellos que sólo se muestran cercanos, y muy muy cariñosos, cuando desean que les votemos o cuando salen a las calles para, desde carros o tribunas,   hacernos partícipes de sus fechorías. Nada les importamos, ni nuestra pobreza, ni nuestra verdad, ni nuestra vida.

Sí señores, ¿por qué no irse? Salir de aquí: otro lugar, otro sentido, otro espacio, más cerca del hombrecillo que no espera nada de quien no se lo dará nunca aunque haya trabajado  para é, que no necesita cristales en las ventanas porque en ese lugar nunca hace frío, otro espacio vital en el cual al mirar a otro ser humano que desde el umbral de una casa sin puerta, nos responda con esa mirada dulce, cómplice, cautivadora, porque también ha descubierto y siente en su alma  la auténtica y verdadera vacuidad de la vida.

Decía Kipling: “Si vuelves al comienzo de la obra perdida/ aunque esta obra sea la de toda la vida/…… serás hombre”. ¡Qué difícil es!, cuántas ataduras, cuántos apegos, cuántas necesidades y sobre todo, cuántas justificaciones. Sí, cuántas y cuántas justificaciones de lo que en realidad es y  no poder ser uno mismo.
Dejar todo, irse, sin más  justificaciones, sin pesadumbres y sin desaliento ya que quizás ello sea lo que  dé sentido al instante, ese instante creador que nos hace ser verdaderamente humanos.  
                                                                            
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LA HORA DEL CAFÉ

 

 Miss Marple  


- Buenos días, Juani, ¿qué tal todo?
- Hola, pues divinamente. Tal y cómo están las cosas, todavía nos podemos permitir un cafetito de vez en cuando.
- Estaba deseando que llegaras para contarte un sueño que he tenido la mar de curioso.
- Qué suerte tienes, siempre te acuerdas de tus sueños. Yo, en cambio, creo que ni sueño siquiera. Pero venga, cuenta, cuenta.
- Pues verás, ¿te acuerdas de estas colchas que se hacen cosiendo trocitos de tela diferentes? Pues estábamos mucha gente, algunos conocidos y otros no, haciendo una gran colcha con trocitos de las banderas de regiones españolas, como la de Aragón, la de Extremadura y otras. De repente, toda esta colcha era una bayeta con la que fregaba (hasta en sueños me sale la maruja que llevo dentro) España entera que era como un mapa en el suelo, pero real. Después, las montañas brillaban, los árboles relucían y, lo más curioso, la gente también brillaba. Cuando pasaba la bayeta, se limpiaba el ego, la avaricia, el ansia de poder, la intolerancia, y la gente se quedaba tranquila, con cara de felicidad. Sólo sentían amor por todo el mundo y no había diferencias entre ellas, sólo eran eso: personas. Luego metía la bayeta en lejía y se quedaba blanca como una nube (blanca claro). Después, le plantaba un beso en medio con mis labios rojos, recién pintados. De modo que ondeaba la nueva bandera de todos, blanca con un beso en medio … jajaja …, no me digas que no es un sueño hermoso.
- Me dejas sin palabras. ¿De verdad has soñado eso?
- Tal cual te lo he contado. Por eso estaba desando decírtelo. Por cierto, a lo mejor es un sueño de los que se cumplen, ¿no estaría mal, eh?
- Ya lo creo, sería un sueño.

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CUARTO Y MITAD: LA CULTURA Y EL ARTE COMO MERCANCÍA 

 

  .a.m.s.  


La figura aparecía detenida, en frente, un cuadro de colores en armonías de verdes y azules, desde dentro todo, parecía estar en orden, cada pincelada como un puzzle infinito parecía encajar con un clic. Había en su rostro una emoción contenida y tensa, como la de alguien que ha esperado mucho para ver a un ser querido, era tarde, quedaba sólo una hora para cerrar la sala, sólo el ruido de los numerosos grupos de visitantes y algún que otro codazo lograban sacarle de su ensimismamiento, alguien pasó hablando entre él y el Cézanne, de repente la figura miró con desdén y rabia. No hace tanto, visitar una exposición de arte era lo más parecido a entrar en una iglesia, un recinto de tiempo detenido, donde al hablar a tu acompañante, un resorte te hacia susurrar en voz muy baja, lugares donde el mero echo de estar era el pago a la institución que fuese. En aquellos momentos uno se preguntaba: porqué la gente no visitaba estos lugares, aunque por otro lado, te hacía sentir un ser privilegiado. Recuerdo como en algún museo de arte contemporáneo, el vigilante nos invitaba a ir encendiendo y apagando las luces de las salas conforme hacíamos la visita, como podías tocar un Miró y casi descolgarlo para llevártelo a casa, como un trofeo, en un arranque cleptomaníaco, entre palpitaciones… Que pasó entre los noventa y los dos mil?, que es lo que ha hecho que ordas de turistas y visitantes de toda índole hagan colas enormes para consumir arte?. A principios de los noventa podía vivir una semana con lo que cuestan dos entradas para el Prado, eso sí, con austeridad autoimpuesta. En aquellos años era un estudiante de arte pobre con un capital cultural que me hacía sentir un ser especial, aunque algunos dedos ya me apuntasen al grito de pintamonas! o mira mamá unos poetas!, este ultimo por parte de un niño, es uno de los piropos más bonitos que me han echado en mi vida. Algunas personas por algún misterioso motivo deciden consagrar su vida a algo con una entrega y pasión a prueba de ministros lacerantes, curiosamente los mismos que en alardes patrióticos hacen banderas con los desairados de otros tiempos, no en vano, Picasso aparece como pintor francés de origen español en algún museo, esto no es sólo propio del llamado cainismo español, ya al maestro Cézanne le tiraban piedras camino de su estudio, llamándole viejo loco. Cómo cuantificar el placer frente a un Vermer, o ante un Velázquez. En tiempos más duros que estos, todos los frentes de la cultura sobrevivieron, ahora estamos empezando a darnos cuenta que ciertos avances han sido sólo un espejismo, que hay voces que claman que el que quiera cultura que se la pague. Las tijeras entran siempre por los mismos lugares, no obstante nunca hubo un mayor acceso a la información, todo esta a un simple clic, pero entre este y el de la música que encaja en un todo ordenado hay un esfuerzo y una dedicación extraordinarios. La facilidad nos puede confundir, el quiero esto y lo quiero ya. La mayoría de las veces cualquier noticia sobre arte va ligada a un precio desorbitado, o a la última estatua de Franco metida en una urna frigorífica de Cocacola, va unido a lo banal. Dónde quedan los millones de horas entregadas, las desazones, las luchas sin fin…La figura aparecía detenida, enfrente, el mismo cuadro que la víspera, había salido corriendo del trabajo, sin comer casi, había logrado aparcar cerca, sabía que sólo sacrificando la hora de comer, lograría estar a solas con el maestro, no quería que nadie los molestase. Solo unas pisadas previas que desaparecían, el guardián leía tranquilo, el puente de madera reflejaba todos los azules y verdes circundantes en una sinfonía mágica, oía el ruido del agua, olía la yerba fresca de los márgenes, cerró los ojos y emocionada dejó salir una lágrima. 

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 EUROPA ¿PREMIO NÓBEL DE LA PAZ 2012? ¡JA!

 

  Sergio Gras 

El pasado viernes 12 de octubre de 2012, la Unión Europea ha sido galardonada con el "Premio Nobel de la Paz 2012".
En cualquier caso, QUE CURIOSO que otorguen este premio precisamente ahora, en 2012, en plena crisis económica e institucional, cuando oímos a diario del riesgo de desintegración de la Unión Monetaria y de la crisis de los valores democráticos.
Europa, ¿Premio Nobel de la Paz 2012?   ¡JA!
Uno de los pilares de la creación de la Unión Europea fue la SOLIDARIDAD. Solidaridad entre naciones y entre ciudadanos, en la que, por principio, los más ricos ayudaban a los más pobres, tanto a nivel de países como de los ciudadanos, y con un encomiable objetivo: que todos disfrutasen de unos servicios sociales públicos, suficientes y dignos. Este principio de solidaridad permitió el denominado ESTADO DEL BIENESTAR.
Sin embargo, nuestro estado del bienestar se está derrumbado, así como el principio de solidaridad. La causa principal es el interés desbordado por promover unas políticas enfocadas al apoyo de los capitales y de los fondos financieros, y evitar su control.
Desde la perspectiva de las naciones de la Unión, resulta que se está abriendo una profunda brecha entre el norte y el sur. Y aunque reconozcamos que las democracias del norte están más consolidadas y controladas que las del sur (que lo son), no es menos cierto que, recuperando el principio de solidaridad, las democracias más fuertes deberían influenciar en las más débiles para unificar igualmente el funcionamiento de las instituciones. Y aquí es donde tropezamos con el problema más grave y peligroso: se ha creado la Unión Europea de los capitales, olvidándose de la de los pueblos, la de los ciudadanos. Éste es el caldo de cultivo de la insatisfacción de los ciudadanos y la pérdida progresiva de la paz social.
Europa, ¿Premio Nobel de la Paz 2012?   ¡JA!
Nuestra Europa es cada vez menos democrática y menos plural, siendo habitual que algunos políticos pacten compromisos relevantes en el Parlamento Europeo, en secreto y sin informar a sus respectivos congresos, de espaldas completamente a las fuerzas democráticas de sus respectivos países.
Se pueden enumerar brevemente más asuntos que reflejan esta Europa maravillosa y premiada, como por ejemplo:
* Se recortan derechos básicos como la educación o la sanidad.
* Se garantiza el pago a los bancos y su sostenimiento, permitiendo, por ejemplo, desahucios salvajes, sin miramientos por las circunstancias de las familias desahuciadas.
* Se impulsan políticas de inmigración cada vez más agresivas.
* Se apoyan regímenes autoritarios, por intereses comerciales europeos.
* No se condenan agresiones bélicas como la de 2008 de Israel contra la franja de Gaza.
* Por ser uno de los mayores fabricantes y exportadores de armas del mundo.
* Por vender armas y apoyar a Países en los que se llevan a cabo campañas de represión sobre manifestantes desarmados que piden libertad, pan y justicia social.
* Por aprobar ayudas a Grecia, alguna por valor de 22.400 millones de euros, exigiendo a cambio la compra de armas por valor de 1.300 millones de dólares.
* Por participar en la guerra contra Libia en nombre de la "Paz".
* Etc.
Europa, ¿Premio Nobel de la Paz 2012?   ¡JA!

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LOS BRUJOS DE LA TRIBU 

 

   Javier Ruiz-Medrano Lucas  

 

Según los arqueólogos hace mas de cinco mil años que el hombre abandono las cavernas. A partir de entonces la sociedad empezó a agruparse en poblaciones de pequeño tamaño primero y grandes urbes después, siempre cumpliendo la premisa ancestral de la tribu. Me explico. El miedo, la desconfianza, el recelo, el desprecio incluso el odio irracional hacia las tribus vecinas. Los albores de la historia escrita están salpicados de batallas cruentas entre ciudades vecinas que se odiaban a muerte. Da igual que miremos en la antigua Mesopotamia que en Grecia o Egipto. Si hablamos de civilizaciones orientales encontraremos algo parecido y si miramos la América precolombina tres cuartos de lo mismo. El espíritu tribal viaja con la humanidad a todo lo largo de la historia. Y dentro de ese espíritu sus promotores en forma de jefes, hechiceros o sacerdotes. Gentes que por su mayor inteligencia o por su mayor valentía manejan a sus semejantes, pocas veces en beneficio general y la mayor parte de ellas en beneficio de su casta, clase social o familia. Las masas de personas pertinentemente adoctrinadas, fanatizadas incluso, son mandadas a las masacres más indignas y a las batallas más crueles en aras de una supuesta civilización, religión o manera de vivir. Los adoctrinadores, llamados líderes, permanecen en la sombra y exigen a sus pueblos los mayores sacrificios en aras de una supuesta patria o nación que ellos mismos han creado. Juegan con la vida de miles, de millones, de personas y les mandan a morir detrás de una bandera con la que luego envolverán sus féretros. Pero no les importa. Muchos se creen elegidos por la providencia y otros porque han ganado unas elecciones se creen con el derecho de disponer de los demás hasta sus últimas consecuencias. Otros, y con esto engarzo con lo debatido en el último Ateneo, crean las llamadas "ideologías" y a base de difundirlas y predicarlas logran reunir tras de sí masas de gentes encuadradas dentro de un pensamiento único que les hace opinar que el que no piensa como ellos está radicalmente en su contra. La doctrina capitalista, la liberal, la socialdemócrata, la socialista o la comunista son más o menos esto. En el juego presumiblemente democrático en que nos hayamos inmersos, y hablo ya de España, estas ideologías se confrontan cada cierto tiempo en las urnas pero siguen teniendo "tics" excluyentes las unas para con las otras con lo que el espectáculo de nuestros políticos siempre a la greña los unos con los otros es perpetuo. Pero no quiero ir por ahí. Quiero hacer hincapié en una ideología que no tiene nada que ver con las anteriores y que no entiende de derechas ni de izquierdas ni de liberales ni de conservadores. Nacionalistas. Estos, como vulgarmente se dice, comen aparte. Estos, o yo lo veo así, siguen en la tribu. Mientras el mundo se globaliza a pasos agigantados, mientras en Europa las fronteras han desaparecido ellos siguen a lo suyo. A la diferenciación entre gentes que si no son iguales, nadie es igual a otro, son muy parecidas. A la creación de símbolos, banderas,  himnos y demás para oponer a otros símbolos pretendidamente enemigos. Al enaltecimiento de identidades llamadas nacionales y de realidades históricas supuestas. Y detrás de ellos la masa. Las multitudes que les creen a pies juntillas y piensan que todo lo que predican es verdad. Que los males de una crisis global son culpa de los otros. Que la falta de trabajo es culpa de los otros. Que la perdida de derechos sociales es culpa de los otros. En conclusión que todos los males que aquejan a esa sociedad nacionalista son culpa de los otros. Y aparece el sueño de la independencia. De la creencia de que sin los otros se viviría en Jauja. Y la gente, gran parte, lo cree. Y lo jalea. Y se manifiesta en concentraciones multitudinarias y pide a gritos una independencia que ni siquiera sabe lo que significa. Pero los líderes atizan el fuego. Se hacen las víctimas y hacen creer que en una democracia como es España hay un poder que los oprime, que los esquilma y que los sojuzga. Un poder que los maltrata y les quita lo que ganan y lo que producen. Un poder, que como no puede ser de otra manera, reparte sus beneficios entre todos los españoles. Y, claro, como he empezado este artículo, acaban apelando a la tribu. A la misma que apelaba el hechicero hace cinco mil años. Incluso alguno, recordando pasajes oscuros de la historia, apelará a la pureza de sangre para terminar de cerrar el círculo. 

En estos días Cataluña anda jugando a este juego. Sus líderes principales han optado por la confrontación con el resto de España. Andan amenazando con autodeterminaciones e independencias que están convencidos que saldrán adelante. Están enfrascados, a mi modo de ver, en manipular al personal para que opte por separarse de España. Están intentando convencer a las masas de que sin España les iría mejor y de que la gallina de los huevos de oro es catalana. Acabarán dividiendo a la población y creando posturas irreconciliables. Proclamar una independencia contra la mitad de la población no puede traer nada bueno por muy democrático que sea. Ahora bien, los líderes no se paran en tablas. Ellos quieren pasar a la historia como los libertadores de un pueblo. Como los creadores de una nación y como los padres de una quimera que ellos mismos han creado para favorecer unos intereses muchas veces inconfesables. Lo peor es que llevaran a la gente donde ellos quieran. Les harán creer en algo en lo que ni ellos mismos creen pero, ¿Acaso creen ustedes que el brujo de la tribu creía en algunos de sus sortilegios? Claro que no. Pero al él, al jefe de la tribu y al sumo sacerdote les iba de lujo con sus supercherías. En esas estamos. Mientras tanto, que siga la fiesta.

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  UN MÍNIMO 

 

   Marta Catalán 

 

Justo después de hacer la Selectividad, mis padres me regalaron un curso de inglés de tres semanas en un pueblecito irlandés. El primer día de clase, nada más salir de "casa", un hombre me dijo algo que no entendí. 'Llevo OCHO años estudiando inglés, y "eso" no suena a ningún saludo que yo conozca, con acento o sin acento. De todas maneras, no me conoce, así que descartado. Debe de haberme piropeado, o ¡quizás me haya insultado!'. Todas y cada una de las personas con las que me crucé aquella mañana, y fueron bastantes, me dijeron exactamente lo mismo. '¡Que alguien por favor me explique qué me acaba de pasar!'. Resultó que me habían estado diciendo "hiya!" ("how are you?").
Han pasado ya 20 años y aún me cuesta callarme un "hola" o un "buenos días" cuando me cruzo con alguien. Hombre, si voy andando por la Gran Vía tengo el suficiente sentido común como para ni planteármelo. Y caminando por sitios como Navalcarnero, a la gente que no conozco no la saludo, no vayan a pensar que estoy loca. Si me conoces y alguna vez te he adelantado sin decirte nada, no es porque me caigas mal, o porque no te haya visto. Es por timidez: sencillamente no me sale el girarme para interrumpir tu conversación, o tus pensamientos.
La semana pasada, en el edificio donde trabajo, había dos personas hablando junto a la máquina del café. Dije "hola". Se volvieron, me miraron... y siguieron hablando como si nada. Imagino que pensaron que como no me conocían no hacía falta contestar. ¿El saludar cuando se llega un sitio no era una norma básica de cortesía? Sobre todo si hay poca gente (como en la cola del autobús, por ejemplo). ¿Y el responder SIEMPRE que se dirijan a uno?
Dentro de unos años le contaré a algún niño que cuando era pequeña la gente pedía las cosas por favor, daba las gracias y saludaba, y pondrá la misma cara de incredulidad que yo cuando mis abuelos me contaban sus batallitas. Qué triste.

 - 3 -

 

    G. Malanda 

 

 

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ESTOY MÁS QUE HARTO 

    Regino Marmol  

 

En una de las escenas de la película Network (1976) el presentador del noticiero nocturno de la cadena televisiva UBS  Howard Beale (Peter Finch) ante la grave situación por la que estaba atravesando su país gritaba "¡Estoy más que harto y no quiero seguir soportándolo!", y animaba a los ciudadanos a que salieran a sus ventanas a gritarlo. La situación que estamos padeciendo en nuestro país no dista mucha de aquella y el cabreo de los ciudadanos tampoco. Ahora este grito vuelve a ser imprescindible y hay que repetirlo, pero no una vez, ni dos, ni diez, hay que gritarlo hasta que sea tan rotundo y atronador  que no quede otra que cambiar las cosas con las que la mayoría social está más que harta.
Ya no nos valen medias tintas. Con treinta y cinco años de democracia hemos alcanzado no solo la mayoría de edad, sino la madurez, el conocimiento y la actitud para saber apartarnos de los paternalismos de políticos solo interesados en su carrera, en su propio beneficio y  en el de su camarilla, mientras van reduciendo poco a poco los tres poderes del Estado a tan solo el del ejecutivo y éste además supeditado al verdadero poder, el del gran capital económico y financiero. Nos la han ido colando y hemos ido tragando. Ahora no estamos para lucubraciones de unos y otros. Da igual si ha sido por dejadez, por falta de celo, por abuso de confianza o porque la vida es bella, da igual. También da igual las siglas políticas sobre las que se han sustentado las nefastas acciones que nos han traído a esta situación, ya se depurarán responsabilidades. No deberíamos perder ni un minuto de nuestro tiempo en esas estériles discusiones. Es el juego que les interesa y al que quieren que sigamos jugando, mientras nos desmantelan el estado de bienestar que tanto esfuerzo, lucha y sacrificio ha costado conseguir.
Nos dicen que hemos vivido por encima de nuestras posibilidades, cuando en el clímax de la bonanza económica la mayoría de los trabajadores de este país eran mileuristas. Nos dicen que vivíamos por encima de nuestras posibilidades porque accedíamos a una vivienda, nos comprábamos un coche y nos íbamos quince días al año de vacaciones. ¿Pero en qué quieren que se convierta nuestra vida estos mequetrefes que nos quieren convencer de esta falacia? Los gobernantes si que han gastado por encima de sus posibilidades con fastuosos engendros que han arruinado las arcas públicas. Los banqueros si que han vivido por encima de sus posibilidades prestando lo que no tenían y financiando especulaciones de todo tipo. También nos dicen que tenemos democracia, cuando nos cierran las listas para que solo podamos elegir a su candidato. Cuando el voto de un madrileño no cuenta lo mismo que el de un riojano. Cuando se presentan con un programa y luego gobiernan con otro. Cuando solo cuentan con el pueblo cada cuatro años, y digo cuentan porque solo somos un número de votos.
Nos están mancillando la democracia, deshonrando la política y menospreciando a los ciudadanos y lo que es peor, nos están robando el futuro de nuestros hijos y por ahí no paso. ¡Estoy más que harto y no quiero seguir soportándolo!"

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ASÍ CUALQUIERA 

 

 J. Cardeña  

 

Quien en algún momento ha emprendido una actividad que requiere inversión de capital valora, por la cuenta que le trae, los riesgos que va a asumir. Cuando el resultado de la experiencia es negativo y se tienen recursos suficientes, la situación derivará en una pérdida patrimonial; si se carece de medios para  afrontar la situación adversa, el panorama no puede ser más negro.
En tiempo de crisis y, cuando el factor riesgo se hace más patente, hay quien es capaz de salir alegremente de la catástrofe con los bolsillos llenos. Sabéis a quién me refiero: altos directivos de empresas, bancos y cajas, blindados con contratos leoninos que, aun llevando a la ruina a sus empresas, son capaces de salir con millonarias indemnizaciones. En ciertos casos de quiebra de empresas privadas, sobre todo bancos y cajas, el asumir responsabilidades parece que no va con ellos y, para mantener el lucrativo negocio, se recurre a la financiación con fondos públicos. Sabemos que, en momentos de escasez, lo que se pone en un sitio es porque se ha quitado de otro. Así tenemos recortes en Sanidad y Educación y subidas de tasas e impuestos de forma generalizada. De esta forma, la incompetencia de algunos, unida a la omisión de las buenas prácticas llevadas a cabo por conocidas entidades financieras, es asumida por el resto de la ciudadanía, que ve cómo la calidad de los servicios públicos, por la falta de recursos, se degrada cada vez más, sirviendo sólo para mantener privilegios y posiciones acomodadas.
La lección es clara: ya, puestos a reformar, se podía empezar por los modelos de financiación, orientando los recursos a favorecer las actividades productivas que son las que crean riqueza con base más sólida. Por el contrario, hay que gravar los movimientos especulativos, pues lo que hacen es generar burbujas, alterando los precios de forma ficticia y siendo generalmente perjudiciales para el conjunto de la ciudadanía, tal como muestran los resultados que están a la vista.
La reciente creación de la llamada banca cívica, una alternativa real para todas aquellas personas emprendedoras o ahorradoras, nos brinda la posibilidad de gestionar nuestros recursos de forma diferente y más beneficiosa para la sociedad. ¿Probamos?

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La Voz del Ateneo - Octubre 2012



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