lunes, 27 de mayo de 2013

Año II Núm. 10 - Mayo 2013

 

El rey Dragón

.  A. Roodríguez  .

Algo más allá de la gran ciudad, en una pequeña avanzada que se levanta en una colina rodeada de páramos y llanuras, desde hace demasiado tiempo vive un pueblo indefenso, atemorizado, entelerido, la oscuridad domina noche y día el aliento de sus pobladores.
Hace tan solo unos años nadie se atrevía a enfrentar, ni siquiera insinuar algo, al gran dragón que campaba por doquier, acompañado siempre de sus princesas y de sus terribles magmasaurus, adoctrinados en las malas artimañas con precisión para que la protección estuviese asegurada.  Ni el testronius, ni la energía azul, ni las más potentes brujerías surtían efecto para prestar oposición a tan poderosa escolta, cualquier movimiento que insinuara contrariedad era inmediatamente eliminado.  El Gran Dragón terminó pues por erigirse en feudal y la ciudad se gobernó a su antojo y su doctrina con la complacencia de sus pobladores que le alababan continuamente. Nadie era capaz de reprocharle la más mínima acción, los pocos sabios que se daban cuenta desde el principio de su perversidad y de su incompetencia habrían de sufrir en silencio sus pensamientos.  Los pueblerinos hacían saludos y reverencias al paso del gran dragón y su séquito cuando paseaban por las callejuelas. Obtener la recompensa de ponerse a su servicio era el deseo de muchos villanos que no dudaban en mostrar su humildad ante tal eminencia.  A los que vacilaban les bastaban unas bocanadas de fuego por la boca para eludir cualquier duda respecto a su integridad.
Ha pasado ya demasiado tiempo desde que tan tenebrosa alma reina en aquel terruño. Las promesas pregonadas hasta la saciedad desde su coronación no llegan y los bienes de las arcas han ido disminuyendo considerablemente.  Eliminados los notarios y procuradores, el pueblo no ha sabido advertir a tiempo cómo la riqueza era distribuida entre el feudal, las princesas y sus señores.  La reserva de recursos que la población tenía para los años difíciles se ha volatizado y el soberano no ha tenido más remedio que rogar a los cambistas recursos para subsistir y abastecer a los pocos nobles que siguen sustentado su poder.  El excesivo consumo que ha supuesto hacer más transitable las callejuelas para que nada entorpezca el paseo de su majestad, la construcción de un lujoso palacio en el centro del burgo sin reparar en gastos, la carencia de recursos para combatir las plagas y enfermedades, el obsesivo afán de embellecer todo el villorrio con adornos de oro y el empeño de contentar a los ciudadanos con continuos festejos han hecho olvidar a su regente la necesidad del pueblo de comer todos los días y procurarles recursos para explotar las áridas tierras que se dan por allá, tierras que han debido ser vendidas para mantener tanta excelsión.  Todo esto ha ido provocando una merma en la confianza de los villanos que lejos de apreciar algún beneficio en sus ya difíciles vidas, ven como han de vender el poco ganado que tienen para pagar el aumento de las tasas a la vez que observan cómo cada vez es más complicado llevar a la boca de sus hijos algo que comer. 
Poco a poco, cada vez más, sus pobladores han empezado a protestar, algo inusitado en otra época. Ya se dan cuenta como día tras día se les ha ido engañando con promesas imposibles, ya han comenzado a descubrir la falsedad de aquellas palabras que vaticinaban luz divina, felicidad y riqueza ilimitadas.  Algunos ya han decidido coger de nuevos sus monturas y marchar a conocer otros reinos más prósperos.
Ahora la gente ya no le cree, ya ni siquiera le escucha, por mucho que se empeñe en erigirse como el mejor gobernante del reino y siga enredando con falsos augurios la prosperidad de sus habitantes, a pesar de su insistencia en hacer creer que tales males son consecuencia de un urdido plan elaborado por los pocos osados que se han atrevido a desafiarle y han puesto las cartas boca arriba.  Ahora el Gran Dragón ya no es tan gran, ahora ya ni siquiera sale de sus aposentos, ni se atreve a pasear por esas calles tan ornamentadas para evitar ser reprobado por los aldeanos.  El pueblo ha despertado y el temible dragón y su cada vez más mermada protección ahora son más vulnerables.  
No debería pasar mucho más tiempo para que se produzca su abdicación. Solo así el pueblo tendrá algo que agradecerle.

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La hora del café

. Miss Marple .
- Vengo de visitar una exposición de pintura de un amigo mío.
- ¡Vaya! ¿No sabía que te interesara la pintura?
- Bueno, no soy entendida en pintura, pero cualquiera puede apreciar un cuadro y saber si le gusta o no. Además, como te decía, la exposición era de un amigo mío y tenía interés en conocer sus cuadros y ver como pinta.
- Y qué, ¿pinta bien?
- Pues, como te he dicho, no soy entendida, pero muchos me han gustado. Incluso, algunos, mucho. Pero lo que me ha resultado divertido ha sido observar a la gente.
- ¿Pero tú has ido a ver los cuadros o a fisgonear quién iba a verlos?
- Ya sabes que las mujeres podemos hacer dos o, incluso, más cosas a la vez. Pero no lo llames fisgonear; sino observar, que además así se aprende mucho.
- Vale, vale. Pues cuenta, venga.
- En general la gente es muy respetuosa y discreta, pero me llamaron la atención algunas personas, como por ejemplo una pareja en la que la mujer mangoneaba todo. Llegó incluso a coger algunos cuadros con las dos manos y a acercárselos como queriendo ver algo dentro. Me pareció muy atrevido e irrespetuoso. Por supuesto, se llevaron el cuadro que eligió ella. Luego vinieron unas personas realmente entendidas, o así me lo parecieron, ya que hablaban de la técnica, de la profundidad y cosas así. Pero lo mejor fueron dos mujeres que entraron hablando un poco alto y no pude evitar escuchar sus comentarios como: "mira qué bonito éste" o "qué colorido más llamativo". Y lo mejor fue cuando una de ellas dijo: "¡Éste, éste, me encanta, va perfecto con el color de mis cortinas!”
- Éstas sí que eran expertas, jaja.
- ¿Lo ves? los cuadros pueden hacerte sentir muchas cosas.


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Ellos y nosotros 

.  Aristarco Milton  .

Los actos que los políticos realizan tienen un efecto al mismo tiempo bumerán y ejemplificador. Cierto que lo que el político hace se vuelve contra él cuando la conciencia de los hombres no lo olvida, pero también ocurre que una actitud  agradable, exteriorizada en algunos momentos perfectamente seleccionados, puede servir para modificar, con rapidez, la opinión negativa que se tuviera del político anteriormente a la realización de este tipo de actos. Verificamos en las encuestas que los electores suelen  olvidar con gran facilidad.
Los políticos pueden hacer cosas que son legales, pero moralmente pueden estar en entredicho si nos atenemos a otros parámetros  distintos. Los políticos sostienen muchas de sus actitudes en unas leyes que son susceptibles de ser modificadas por otro tipo de regímenes. En algunos países como China y Estados Unidos se afirma que la Declaración de Los Derechos Humanos es la piedra angular de sus sistemas de gobierno, pero en dichos países se constata periódicamente, en informes de organismos no adscritos al poder, que no se cumplen dichos derechos fundamentales. Como  señalan anualmente Amnistía  Internacional o la asociación Pro Derechos Humanos, estos países justifican esta actitud haciendo  referencia a leyes particulares de sus naciones.
Como sabemos, no siempre los estados tienen la capacidad de aceptar lo que sus ciudadanos proponen, y en muchos de ellos ni siquiera estos ciudadanos pueden opinar sobre dichas cuestiones. Es posible, como señala Bertrand Russell en su obra “Autoridad e Individuo”, que la única vez que ha existido democracia auténtica fuera en la antigua Grecia, cuando los "hombres libres" podían ir al parlamento, hablar en él y tener derecho real a votar sobre cualquier cuestión. Es verdad que se puede criticar que solo eran los hombres y que solo los que eran libres. El resto de los miembros de la  sociedad  eran mujeres o esclavos y  no tenían los mismos derechos. Pero también se puede decir que hablar de democracia real en una sociedad en la que solo se pregunta de manera general cada cuatro o cinco años, tras un proceso profundo de información sesgada, resulta un atentado a la verdad.
W. Churchill decía que la democracia era el menos malo de los regímenes políticos; sin lugar a dudas, estaba entresacando el valor real de un sistema que tiene profundas lagunas. La democracia real es una utopía, pero la que existe en las sociedades occidentales provoca desasosiego y preocupación.
Recordando aquella frase: " Antes se controlaba la opinión de la gente, ahora se la ignora". No hay más violencia que el desprecio o el vacío a otro ser humano. En nuestra conciencia reside estar o no de acuerdo con ella, pero es innegable que muchos de los postulados que defienden los gobiernos no se encuentran  en consonancia con las opiniones de aquellos a los que dicen representar, aunque se empleen para su justificación declaraciones retóricas o escamoteos de la realidad.
Hemos comenzado un siglo y nada parece haber cambiado: la justificación y la retórica continúan.  El desafío es permanente. Las palabras gobierno y derechos humanos parecen antinomias y  resulta difícil creer  que esto cambiará.

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¿De verdad nos interesa la vida de los demás? 

 La curiosidad

.  Sergio Gras  .

 En la última mesa redonda del Ateneo de Navalcarnero se planteo un tema que, inicialmente, parecía baladí, pero que, a medida que se avanzaba en el debate, resultó interesante y complejo. El titular fue: "¿De verdad nos interesa la vida de los demás?", a propósito de los programas televisivos sobre los Reality Show y el cotilleo relativo a los "famosos". El asunto se merece un enfoque más amplio.
El tema se fundamenta en torno a una de las características humanas más influyente e intensa: LA CURIOSIDAD. La misma que lleva a los seres humanos a un comportamiento inquisitivo sobre todo lo que les rodea y tiene relación con ellos. Es más, no es un comportamiento exclusivo del homo sapiens, sino de muchas o, incluso, de todas las especies animales. Es un instinto que, en mayor o menor medida, empuja a todo ser vivo a explorar su entorno, a investigar las cosas que le llaman la atención, a preguntarse sobre el porqué de lo que ocurre a su alrededor.
¿Y por qué los seres vivos estamos dotados de curiosidad?
La respuesta es muy compleja e interesante, y hay que tratar de meterse en la piel de un posible "Creador" para vislumbrar una respuesta que tenga un fundamento lógico y resulte realista. La conclusión a la que llego siempre es que la curiosidad es necesaria para la supervivencia y evolución de cualquier raza o grupo de seres vivos. Es un instinto que empuja al dinamismo, al placer (y digo bien: placer) de descubrir lo que no está a la vista, lo oculto, lo desconocido; a la satisfacción de comprender y ensanchar los límites de nuestro conocimiento. También es el motor que empuja a buscar nuevas maneras de hacer las cosas, de resolver los problemas y buscar soluciones diferentes que permitan superar las trabas que necesariamente nos impone la vida.
Centrándonos en la raza humana, la curiosidad es la que nos empuja a desplazarnos y a explorar nuevos territorios, ya sea en nuestro propio planeta Tierra como hacia el vasto y desconocido universo. La curiosidad también nos incita a investigar las distintas ciencias que nos permiten mejorar nuestra calidad de vida, como por ejemplo: la alimentación, la medicina y la salud, etc., o las diversas tecnologías que nos facilitan la existencia.
No debemos olvidarnos de que la curiosidad también es el motor de la creatividad y del arte, el principal incentivo para experimentar con el espacio, las formas, los colores, los sonidos, las ideas, y tantas otras cosas. Y toda esta búsqueda con el fin de encontrar fórmulas de belleza y armonía, capaces de hacer vibrar nuestros sentidos, alcanzar nuestros corazones y emocionarnos.
Desde otra perspectiva, también es cierto que la curiosidad empuja a algunas personas a averiguar cosas que no son tan creativas y desinteresadas, inducidas por sentimientos más oscuros y morbosos, que nada tienen que ver con el beneficio general.
Lamentablemente, los grandes medios de comunicación y las multinacionales conocen bien esta otra faceta de la curiosidad y no dejan de aprovechar y fomentar esta debilidad de carácter para fines menos beneficiosos, y conseguir audiencias serviles y estériles, o unos consumidores esclavizados y aborregados.
Concluyendo, la curiosidad es innata en todo ser humano, y la manera de aprovechar sus impulsos depende, una vez más, de la voluntad, del sentimiento y de la intencionalidad con la cual se sigue.

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El humo ciega tus ojos 

.  Javier Ruiz-Medrano Lucas.

Iban a pasar unos días en alta mar. Eran gente joven. Treintaitantos como se dice ahora. Eran cuatro parejas deslumbradas por la aventura. Les surgió aquella oportunidad y no la desaprovecharon. No se conocían pero todos estaban encantados de hacer nuevos amigos y de vivir experiencias nuevas. Siete días en el océano bañándose y tomando el sol en cubierta como habían visto en tantas películas y en tantos programas de televisión. Un alquiler de un yate con patrón a bordo les había salido por una cantidad que ellos consideraban asequible y allí estaban en el muelle esperando para embarcar. Saludos, presentaciones, risas, informaciones cruzadas del lugar de procedencia de cada cual, de cómo se había llegado hasta allí, de cómo se contrató el viaje. Buen ambiente. Las personas cuando nos conocemos solemos ser amables en un principio, mostramos nuestra mejor cara y somos encantadores. El caso es que  allí estaban las cuatro parejas ilusionadas con su nueva experiencia y deseando que comenzara el viaje. En ese momento surgió el primer "flash": Ramón se echó mano al bolsillo y sacó el paquete de tabaco, le ofreció a su mujer y ambos prendieron el cigarrillo de manera despreocupada. Ante aquel gesto Conchi frunció el ceño y susurrando en el oído de su marido dijo con desprecio: "fumadores, como piensen fumar en los camarotes van listos". No tardó en llegar el patrón. Puntual a la cita, ellos habían llegado demasiado pronto. Todo el mundo a bordo y listos para emprender la aventura. En un instante el barco abandonó el puerto y pronto la línea de tierra dejó de verse en el horizonte. Las chicas hablaban entre ellas y los chicos entre ellos, algo por otra parte de lo más usual. Pronto se crearon simpatías cruzadas y alguna que otra reticencia, pero en principio todo iba bien. Las cuatro parejas se tostaban al sol mientras el patrón dirigía el barco con mano de seda. De vez en cuando un chapuzón y vuelta a la cubierta a seguir disfrutando de los rayos solares entre una sinfonía de aceites y cremas al efecto. Pronto llegó la hora de la comida y todos ansiaban probar las delicias que el cocinero del barco les tenía preparadas. La comida fue alegre y divertida. Carlos y Luís eran dos tipos ingeniosos y rivalizaban con sus bromas y ocurrencias, lo cual hizo pasar a los demás un rato divertido. Terminada la comida Ramón preguntó: "¿Os importa que fumemos?". Como impulsada por un resorte Conchi respondió: "Claro que nos importa, por lo menos a mí. A fumar a cubierta; yo no tengo por qué aguantar los vicios de los demás". Ramón y Bea se levantaron y salieron a cubierta a fumar su cigarrillo. Aquello había roto la armonía del grupo. Conchi  despotricaba  contra el tabaco mientras Alfonso su marido le decía en susurros: "Déjalo ya". Los demás aguantaban estoicamente el alegato de Conchi pero sabían que el signo del viaje comenzaba a cambiar. Pronto Luís y Carlos salieron a cubierta a acompañar a los dos fumadores y cinco minutos después Isabel y Anita hacían lo propio. Conchi retuvo a su marido y no salió hasta mucho después. La situación volvió a repetirse después de la cena. Ya nadie preguntó nada, pero el resultado fue el mismo: Conchi y Pedro en el comedor y todos los demás en cubierta, esta vez ya al unísono. Transcurrieron dos días y todos se dieron cuenta de que Conchi y Bea ni se miraban. Los demás trataban de acercarlas pero era tarea baldía. Había surgido una especie de odio entre las dos difícil de explicar pero que de facto flotaba por todo el barco. La mañana del tercer día amaneció nublada. Soplaba un viento húmedo y a la vez frío, y el mar estaba un poco picado. La sensación en cubierta no era nada agradable y todos se quedaron en el comedor. Una partida de cartas ayudaría a capear el mal tiempo. De repente aquel golpe seguido de un chirrido estridente. El barco se movía de manera extraña, como dando tumbos. En cinco minutos apreció el patrón. "Señores hemos tenido un accidente, no tenemos más remedio que abandonar el barco". El miedo se pintaba en algunas caras. En otras, la preocupación. Pronto arriaron el bote salvavidas y en poco más de media hora todos se encontraban dentro de él. El patrón juraba que cerca había unos islotes donde podrían atracar a la espera de ser rescatados. Todo presumiblemente acabaría en unas horas. Efectivamente en un par de horas aparecieron aquellos islotes y se pudo desembarcar en la playa de uno de ellos. El patrón dijo que era conveniente no abandonar la playa para que el equipo de rescate pudiera verlos con facilidad. El sol empezaba a caer y poco a poco se hicieron a la idea de que iban a pasar la noche allí. El frío comenzaba a ser intenso y en pocos minutos se convirtió en insoportable. Alguien dijo que había que encender un fuego y todos dieron su aprobación. Y entonces pasó aquello. El patrón había olvidado en el barco sus enseres de supervivencia. No se podría encender el fuego. Ramón metió su mano en el bolsillo y allí estaba. Un "Bic" de los chiquititos con el que prendía sus cigarrillos. Todos los ojos se clavaron en el mechero. Entonces Bea dijo: "Un momento. Conchi por favor ¿quieres pedirle el mechero a mi marido?". Conchi se puso pálida. En un momento pasaron por su cabeza los desprecios a la pareja de los últimos días y rompió a llorar. Pero tuvo un impulso noble se levantó y abrazó a Bea. Aquello sorprendió a todos pero también les alegro. Encendieron el fuego y con el calor de las llamas la situación dejó de ser dramática y pronto las bromas y las risas volvieron otra vez. A la mañana siguiente fueron rescatados y llevados a puerto. Desde aquel día en casa de Conchi hay un cenicero en el salón. De vez en cuando lo mira y se acuerda de su gran amiga Bea. Y como no, del mechero de Ramón.

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Se regala Ministro

.  Cristian Diaz .

Al estilo de El Trágala, el Gobierno español nos hace comulgar con ruedas de molino. No pregunta al pueblo e, incluso, si éste protesta, no lo tiene en cuenta para nada. Y ahora no iba a ser una excepción: aunque se han puesto en su contra desde anarquistas hasta eclesiásticos, no ha cedido ante la protesta. Nunca un gobierno ha unido en su contra a todos los sectores del engranaje político español. Esto sólo ha sido posible gracias a un ministro de cuyo talento no dudaba nadie. España se le ha quedado pequeña. Él es el elegido. Su cometido debe de ser otro. Ha venido a La Tierra para algo mucho más ambicioso. Este fin último no es otro que el de acabar con las guerras del mundo. Sí, háganme caso. Usted le lleva a Siria y los rebeldes se unen con el dictador en contra suya; ¿que le destinan a Palestina?: los musulmanes y judíos lucharán en el mismo bando para que se vaya. No es ciencia ficción, es Hateman. Nadie escapa a su poder de convicción. Él fue el fundador de la Alianza de Naciones. Eso sí su foto está en la sala de juntas colgada en la diana. Es un mito, una leyenda, un Dios. Los españoles le agradecemos sus servicios. Ahora ya se puede ir. La Iglesia no tenía tanta inquina ni a Zapatero. Su propio hermano lidera las protestas contra él ¡Es usted un fuera de serie! Alégrese. Es capaz de hacer cosas que nadie hasta la fecha había podido llevar a cabo. Camine con la frente alta. Sólo usted es capaz de que España sea un país unido. Se cree que en el próximo Madrid/Barça, ambos equipos dejarán a un lado su rivalidad para darle balonazos. Lo ha conseguido. Estamos orgullosos de usted. Hay que tener talento para disgustar a tanta gente a la vez. Es prodigioso. Se lo repito: "¡muchas gracias!", pero váyase. Ya hemos cantado todos suficientes consignas en su contra, ya hemos pasado demasiado tiempo en la calle despotricando. Ahora nos toca ponernos a estudiar y enseñar y sería mucho más fácil si usted no estuviera por aquí. Se regala Ministro de Educación capaz de unir a toda la sociedad. Todos los interesados hablen con Mariano. Si llama hoy o cualquier otro día  -pero rápido, por favor- le introduciremos en el pack al Ministro de Hacienda, a la de Trabajo y a la de Sanidad. No desperdicie esta oportunidad. Si tiene una fábrica de submarinos, éste es su gobierno.

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Analfabetos emocionales

.  Andrés Ignacio Briongos Figuero .

Estoy desesperanzado. Muchas personas, incluido el que suscribe, seguimos  presa de nuestros miedos y de nuestros fantasmas. Unos necesitamos la autoafirmación, tanto que la hacemos forma de vida; otros demandamos tanto amor para nosotros mismos que confundimos amor con permisividad y pensamos  que dar querencia es no prohibir nada, pues se nos ha impuesto tanto y tantas veces que imponemos una peculiar forma de amar, dictatorial, tiránica y despótica que cualquier forma de poner límites, al punto diagnosticamos, a modo de psicólogo Froidiano, traumas y figuras infantiles o paternas y maternales tan grandes y traumáticas que terminan poseyéndonos y lo hacemos única verdad; y por último y para más "INRI" quien no sigue esta "gran verdad" está equivocado.
Me duele tanto esta falta de libertad, esta ausencia de emociones. Y no va relacionado intrínsecamente con el nivel cultural o social, la edad o el sexo, no; está relacionado con la carga emocional y más concretamente con la carencia de herramientas emocionales que nos ayuden a gestionar esas emociones. Somos analfabetos emocionales.
Quizá el problema no estriba únicamente en aprender a gestionar esas emociones en su totalidad sino en no transmitir esa carencia a nuestros hijos. Aunque no es algo genético, nuestros hijos van a no gestionar sus salvajes emociones en sus primeros años de vida como nosotros les enseñemos a que no lo hagan, por lo que está en nuestra mano mejorar eso; es una ardua tarea, tan difícil que el mero hecho de proponérnoslo nos provoca temblor, miedo, pánico, rechazo y qué sé yo. Sin embargo si pensamos que nuestra vida está llena de propósitos y despropósitos y además la consideramos como una carrera de obstáculos en la que vamos aprendiendo cada día algo nuevo quizá y sólo quizá lo conseguiremos.
No confiamos en nadie pues nos han enseñado a desconfiar. No nos fiamos de nadie. Si no lo hacemos, ¿cómo podemos esperar que nos entreguemos los unos a los otros?. Este es uno de los comportamientos más habituales y que nos da seguridad. Si no se fía de mí ¿cómo me voy a fiar de él?, dice el vecino, el amigo, el compañero de trabajo. No podemos esperar confianza absoluta pues aún poseyéndola un día, la perdemos al otro y finalmente surge el miedo de cómo nos sentarán lo dicho y cuál será nuestra reacción.
Finalmente consideramos que no nos respetamos, que no nos entendemos; y entender al otro implica dos cosas: respetar lo que decimos y comprender lo que hacemos. Cuando hablamos o afirmamos algo que la otra persona no dice y hace tendemos a menospreciarlo diciendo "anda, anda...tonterías tuyas". Así no nos respetamos. En este caso se impone que si la otra persona no lo hace o dice como ella quiere, no es válido ni normal. ¿Quién es capaz de afirmar qué es lo normal? Sólo es válido lo que la otra persona hace y dice y sólo está bien lo que dice y habla; y además termina afirmando "es que tú eres más raro". ¿Quizá porque se sienta atacada en su particularidad? y ¿necesita afirmarla para autoconvencerse de su mentira y de que hace lo correcto según las rancias y estrictas  normas sociales?. Es más fácil engañarse que soportar el derrumbe del edificio sobre el que has edificado tu vida-mentira.

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Buscate la vida 

.  Regino Marmol .

Quizás no te hayas dado cuenta todavía pero encontrar un trabajo digno con el que poder subsistir en los tiempos que corren es misión imposible. No hay trabajo y, esto es lo que hay. Cuanto antes tomes conciencia de ello, antes podrás encontrar una solución a tu futuro inmediato. Salvo, claro está, que sigas confiando en los políticos que te prometen año tras año, ya llevamos cinco, que muy pronto el paro disminuirá y que se creará trabajo de calidad y bien remunerado, a sabiendas que es otra falacia más que esconde la verdadera realidad, que no es otra que la incompetencia e incapacidad  que tienen nuestro actuales políticos para generar las condiciones y motivaciones adecuadas que puedan fomentar el empleo. Es como si te metieras en un teletransportador y de repente te dejara en medio de Etiopía, y pasados unos días y viendo como está todo te encontraras con algún lugareño y le preguntaras: "¿esto cuando va a cambiar?". Seguro que te mirarían como a un loco o algo parecido y te contestarían: "¿cómo que esto cuando va a cambiar, amigo? esto es así, es lo que hay, no hay más”. Pues igual.
Ante esta situación, y mientras echamos de la poltrona en la que están instalados la pandilla de inútiles que rigen nuestro país,  hay varias opciones. Una de ellas es la formación. Si es difícil encontrar trabajo, lo es más aún si no tienes unos conocimientos notables en alguna materia. Es un buen momento para retomar los estudios que un día dejaste de lado. Y si no quieres o no te gusta estudiar busca a alguien que te enseñe un oficio para especializarte en alguna profesión.  Esto potenciará tus posibilidades laborales no solo a corto y medio plazo sino para el resto de tu vida.
Otra opción podría ser hacerte las preguntas adecuadas, por ejemplo: ¿qué sé hacer? y una vez contestada ponla en práctica. Que sabes de electricidad, pues ofrécete para solucionar pequeños arreglos. Que entiendes de mecánica, pues cambia los filtros de aceite a tus vecinos. Que lo que se te da bien de verdad es cocinar, pues vende tus magdalenas a las cafeterías de tu pueblo. Todos sabemos hacer algo bien. Sé tu propio jefe. No te bloquees ante esta adversidad sobrevenida. En el juego de la vida a veces tienes que saber ganar sin buenas cartas, y esta partida está difícil pero si la sabes jugar tendrás muchas posibilidades de poder ganarla.
Búscate la vida, no esperes a que lo hagan por ti, porque no lo harán. Es lo que hay.


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