lunes, 12 de mayo de 2014

Año III Núm. 21 - Abril 2014

El experimento de Milgran : Obediencia  a la autoridad

.  Hipatia  .
Con la finalidad de intentar   comprender si el holocausto y todo lo que rodeó al nazismo fue algo propio de esas personas, en particular o, si cualquiera de nosotros podría haber hecho algo parecido,   Stanley Milgran (1974), psicólogo en la universidad de Yale, diseño un procedimiento experimental que permitió observar las condiciones bajo las cuales  gente normal es capaz de cometer actos crueles simplemente porque está cumpliendo órdenes. Los padres de Milgran habían sido refugiados judíos de la Segunda Guerra Mundial. El experimento se realizó de la siguiente manera: se citó a los participantes a través de varios anuncios publicados en un periódico del estado de Connecticut. En ellos se pedía colaboración para llevar a cabo un experimento sobre el aprendizaje, de este modo los participantes no sabían que el experimento, en realidad trataba sobre la obediencia o el sometimiento a la autoridad. Los participantes tenían entre 20 y 50 años con diferentes grados de estatus socio-educativo. El experimentador explica al participante que su investigación trata sobre  la influencia del castigo,le dice que en realidad no sabemos cómo el castigo influye en el aprendizaje. Así que los participantes creían que esta experiencia contribuiría a su crecimiento personal.  El participante hará las veces de profesor e infligirá una descarga eléctrica cada  vez que el alumno  ( en realidad un actor cómplice del experimentador ) cometa un error. A éste, se le explica que deberá contestar una serie de preguntas :primero escuchará las palabras que luego deberá recordar. Luego el profesor es conducido a la habitación contigua, en la que recibe  una lista de palabras, y se le muestra el generador que va de 15 v., a una descarga letal de 450 v. debe aumentar el voltaje , cada vez que el alumno responde mal. Tal como fue planeado nuestro cómplice dio muchas respuestas incorrectas. Cada respuesta era coordinada con un voltaje particular en el generador y las reacciones del alumno eran emitidas por una grabación. Por ejemplo:  respuesta incorrecta : 150 voltios. Un grito. El experimentador (o científico) dice al profesor que no puede suspender el experimento , que debe continuar.  El profesor, (  el participante ) ,recibe la orden de incrementar el voltaje de las descargas eléctricas después de cada error. Cada vez que el profesor( participante ) expresa su deseo de detenerse,  el experimentador da la orden de continuar. Aunque el profesor podía oír la voz del alumno ,gritando de dolor y suplicando que lo liberaran, los resultados mostraron que el 63% de los sujetos llegaron a aplicar descargas de hasta 450 voltios.
La férrea autoridad se impuso a los fuertes imperativos morales de los sujetos (participantes) de lastimar a otros y , con los gritos de las "víctimas" sonando en los oídos de los participantes, la autoridad subyugaba con mayor frecuencia. La extrema voluntad de los adultos, de aceptar, casi, cualquier requerimiento ordenado por la autoridad, constituye el principal descubrimiento del estudio " Stanley Milgran ( Los peligros de la Obediencia ( 1974) ) .  
Solamente el 35%  de los supuestos  los profesores desobedeció al investigador y se negó a continuar con el experimento hasta el final, incluso, cuando ya no oían los gritos de dolor del alumno, pudiendo entender que éste había perdido el conocimiento. Se debe señalar que en la gran mayoría de los participantes se podía observar un gran estrés o incomodidad, sobre todo, llegando a los puntos finales. Ninguno de los participantes que optaron  por desobedecer al investigador y parar el experimento pidieron que esas sesiones dejaran de realizarse en un futuro y, ninguno , tampoco, acudió al cuarto donde se suponía que estaba la "víctima" a comprobar su estado ,sin antes, pedir permiso al investigador.
En conclusión, se puede decir, que en nuestras sociedades observamos  distintos grados de obediencia a la autoridad, aunque es cierto que " la obediencia ciega " no es nada habitual, pero sí se da, o se ha dado, en momentos concretos de la  historia. Este experimento que llevó a cabo S. Milgran nos puede ayudar a  entender fenómenos como el de las sectas o, incluso, yendo más lejos, el fascismo o el nazismo que vivimos en el  s.xx
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La hora del café

.  Mis Marple  .

-Ayer, después de cenar, me senté frente a la tele, como tengo por costumbre, y en un momento de zapping, me pare en una imagen que me dejó estupefacta: vi que estaban entrevistando a Camilo Sexto. ¿Te acuerdas de él?
- Ya lo creo. ¿Cómo no voy a acordarme de Camilo Sexto? Era guapo y cantaba de maravilla..
- Pues ahora es triste verle. Tiene la cara totalmente desfigurada. Cuesta reconocerle. Es más, a él le cuesta hasta hablar. Me he que dado horrorizada.
- ¿Pero qué ha pasado? ¿Le han agredido o algo así?
- No. Más bien se ha agredido a sí mismo. Se ha operado, o estirado, o yo que sé, pero desde luego, asusta verle. No entiendo como las personas pueden llegar a estos extremos de desfiguración. Pierden su cara, su personalidad, su imagen. Es triste, ya no aparenta la persona que recordamos todos.
- Sí, algo así como lo que le pasó a Michael Jackson, y tantos otros.
- Pues sí, otro caso igual, aunque no soy quién para juzgar, no comprendo cómo pueden llegar a estos extremos. Está claro que algún problema psicológico o de personalidad deben sufrir y por ello, no aceptan el paso del tiempo en sus cuerpos, y las huellas que deja.
- Desde luego, es una pena. Seguro que Camilo Sexto estaría mucho más guapo con alguna arruga que otra, pero no con esta cara tan artificial.
-Es que vivimos en un mundo tan superficial: se valoran más las apariencias que el fondo de las personas. Con lo guapas que estamos nosotras con nuestras arruguitas. Vamos a tomar el café.
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PENALTI ¿Es penalti?

. Aristarco Milton  .
Es la pregunta que hay que  responder, ya que todos los días existen páginas completas  en los periódicos de cualquier tendencia, ideología y de cualquier planteamiento que disponen entre sus noticias de una parte dedicada al deporte, pero no a cualquier deporte, no al atletismo, a la hípica, al hockey sobre hielo o al voleibol, sino al fútbol, al mal llamado deporte rey, al deporte espectáculo que vive exclusivamente del gol de la falta máxima, que dentro del área se conoce, si es  que existe alguien que todavía en la actualidad lo ignore, como penalti.
Se vive  para el penalti, para que se pite un penalti y, si éste acaba en gol y se termina el partido, se consiguen con ello las más altas cotas de felicidad y de realización posible. El ser humano se siente realizado si su equipo gana el partido.
El informador deportivo ha de responder a las expectativas que se han depositado sobre él y debe  escribir en el periódico aquello que se desea leer, es decir, que ha sido realmente penalti, aunque el árbitro o juez de campo no lo haya visto.
¡ Cuántas páginas se dedican todos los días en los periódicos a esta cuestión! Estos sucesos son tratados con tanta amplitud y de manera tan permanente que no pueden ser equiparables a ningún otro asunto de los que se producen en nuestra sociedad, tanto si es de carácter político o  económico, como  religioso o  moral. Cualquiera de ellos tiene un enfoque más sectorial que el deportivo.
La noticia deportiva está emocionalmente comprometida. Todos estos hechos, por muy leves que sean, son tratados con una profundidad extenuante y el motivo no es otro que el de existir una relación profunda y directa entre ellas y las necesidades que tiene la sociedad de recibir dicha información.
El deporte espectáculo ocupa desde hace unas décadas un lugar muy importante entre las necesidades, los gustos y las ilusiones de los seres humanos y los periódicos no desdeñan dicha función.
Nuestra sociedad vive una profunda crisis de valores, producto de una masificación y una despersonalización apabullante, por ello el deporte cumple con importantes funciones psicológicas, que de otro modo difícilmente podrían canalizarse. El individuo de esta sociedad pos-industrial y altamente tecnológica se siente solo ante su propia realidad, tanto en el ámbito individual como en el  colectivo y, por ello, el deporte, le posibilita un acercamiento, aunque sea superfluo, al otro,  al grupo, por medio de signos externos de aceptación de los mismos intereses deportivos, de mismos colores, que le sirven para desahogar algunos impulsos que de otra manera, permanecerían enquistados en su interior.
  Personas que no tienen nada que ver, que son contrapuestas en todos los sentidos, se abrazan porque el árbitro ha pitado penalti y se sienten por ello felices. La conciencia individual desaparece, y los individuos se convierten en seres desprovistos de entidad propia, aglutinados en torno a un mensaje  o a una única ilusión; son individuos alienados, sin actitud crítica. Para ellos el fin justifica los medios, y cualquier cosa se puede hacer para conseguir que se pite un penalti a su favor: chillar, tirar lo que sea al campo e  insultar.
¿José tiene que decir que no es penalti? Cuidado, poner en entredicho las afirmaciones de un colectivo numeroso, que además se siente en posesión de la verdad absoluta, resulta ciertamente peligroso. Enseguida, como poco, si se dice lo que otros no quieren oír, aparecerá el insulto y la descalificación total de la persona que quiera hacer un análisis riguroso de un hecho. La actitud crítica en contra de un colectivo es un elemento distorsionador que puede provocar estados de euforia, violencia y agresividad.
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In memoriam

.  J.L. Bermúedez  .
"Muchos años después, frente al pelotón de fusilamiento, el coronel Aureliano Buendía había de recordar aquella tarde remota en que su padre lo llevó a conocer el hielo. Macondo era entonces una aldea de veinte casas de barro y cañabrava construidas a la orilla de un río de aguas diáfanas que se precipitaban por un lecho de piedras pulidas, blancas y enormes como huevos prehistóricos. El mundo era tan reciente, que muchas cosas carecían de nombre, y para mencionarlas había que señalarlas con el dedo", así empieza Cien años de soledad, de García Márquez. Para escribir así: Debes estudiar gramática; solo la necesaria. Escribir mucho y corregir sin cesar. Leer muchísimo y  no dejar de escribir ningún día de tu vida; es tal vez el mayor secreto. Si después de años ejercitándote en la lectura y en la escritura y madurando en la observación del mundo no consigues dominar el oficio del escritor; es que no estas llamado a la gloria, como Gabo; pero no desesperes, siempre podrás ser: Médico. Abogado, famoso Economista o como dice Asimov: Un Gran Cirujano o Presidente de EEUU (George Busch es el mejor ejemplo de que cualquiera puede ser presidente de la mayor potencia mundial) El verdadero escritor, es un raro espécimen humano que desde siempre supo que sería escritor y salvo fuerza mayor no deja de escribir mientras vive; el escritor es una profunda vocación. Ha habido escritores de vocación tardía, pero no es cierto, que estos alcancen la inmortalidad, su tardanza en llegar a la escritura fue por otras causas ajenas al oficio de escribir, pero así y todo estos escritores tardíos no son los escritores que alcanzarán la gloria. Hace cuatro días ha muerto Gabriel García Márquez y ya está en la gloria con Cervantes, con Shakespeare, con Homero, con San Juan de la Cruz, con Santa Teresa y luego en la segunda fila de la gloría, son tantos que no se pueden contar, pero si distingo algunos como León Felipe, Antonio Machado... muchos son novelistas pero la mayoría poetas y poetisas; también descubro con dificultad a Simone Weil, Alfonsina Stormi, Alejandra Pizarnick; sigue una gran muchedumbre, pero se distinguen con mucha dificultad; también hay algún filosofo pero pocos, se distingue con claridad Platón  hablando con Sócrates, también se distingue Jean Paul Sartre y Simone de Beauvoir y junto a ellos una dama mestiza muy bella, Gertrudis Gómez de Avellaneda, dialogando con Doña Emilia Pardo Bazán y Concepción Arenal. Es curioso, pero algunos famosos en este mundo no logro verlos en la gloria. No aparecen algunos Premios Nobel como Camilo José de Cela, ni Pedro Laín Entralgo y curioso, ni Luis Rosales, ni Ridruejo y el que más me sorprende de no ver es a Federico García Lorca (será por su comportamiento con Miguel Hernández); en cambio si aparece Azorin y me parece increíble que vaya junto con Miguel Hernández, la única explicación en que Miguel nació en Orihuela  y Azorin estudio también en esa ciudad. De la gloria bajamos al infierno y allí también había multitud, a nosotros nos interesó fijarnos en los fascistas y mira por donde allí nos encontramos, con Camilo José de Cela, Dionisio Ridruejo, Pedro Laín Entralgo, Luis Rosales y ¡oh! Sorpresa, allí estaba Manuel Machado el hermano de Antonio.
Olvidé que en la gloria me encontré a Ernesto Sábato Y a José Saramago juntos, pero cosa curiosa, estaban discutiendo.
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No creo en ellos

.  Javier Ruiz-Medrano Lucas  .
De todos es sabido que la democracia es el sistema de gobierno menos malo que se conoce. Y digo menos malo porque si nos atenemos a la etimología de democracia vemos que el gobierno del pueblo permite que todos los ciudadanos tengan una opinión y puedan intervenir en la elección de sus gobernantes, así como en el cambio de políticas según convenga a la mayoría. Sobre el papel, como se aprecia, una perita en dulce. En la realidad ya no tanto. ¿Cuál es esta realidad? Pues que como los periodos electorales son de cuatro años, en la mayoría de las ocasiones, el tan traído como llevado pueblo soberano es soslayado en gran parte de las decisiones que toman sus gobernantes. Así nos encontramos metidos en asuntos que no fueron motivo de discusión alguna durante la campaña electoral, que tampoco figuraban en los programas electorales y que a la postre resultan ser el auténtico meollo de la legislatura. Ejemplos hay a montones y no parece que el color político sea obstáculo para que unos u otros, una vez conseguido el poder, cambien de formas  y no terminen abandonando la democracia y adoptando una especie de despotismo ilustrado que solo se diferencia del llevado a cabo en el siglo XVIII en que éste de hoy tiene fecha de caducidad. Ya dijo el profesor Tierno Galván, uno de esos pocos días en que los políticos dicen la verdad, que las promesas electorales estaban hechas para no cumplirlas. Se le olvidó agregar, aunque de sobra lo sabía, que paralelo al programa electoral que se entregaba a los ciudadanos prometiéndoles cosas bonitas y venturas sin cuento corría otro, que no figuraba en letra impresa, donde aparecen subidas de impuestos, reconversiones industriales, contratos basura, reducciones de plantillas en empresas públicas, prohibiciones de esto o de lo otro, en fin, cosas feas que por lo visto no interesan a nadie. Y vuelvo a lo de antes, aunque interese habrá que esperar cuatro años para dar nuestra opinión, con lo que ellos se lo guisan y ellos se lo comen. De vez en cuando hacen unas encuestas para ver como va la cosa y se conforman con haber subido un punto en la estimación de voto, concluyendo que su oponente, que ha bajado 8 décimas, ha perdido la confianza de sus electores. En estas se pasan los cuatro años de marras y seis meses antes de los comicios empiezan otra vez  a prometer el país de las maravillas en medio de la amnesia general. Y así es nuestra alabada Democracia. Ya me dirán ustedes es que parte del programa del PP se encontraban los recortes draconianos con los que nos han asolado los dos últimos años o la previsión de que íbamos a llegar a los seis millones de parados antes de empezar a recuperarnos (si es que nos vamos a recuperar algún día, que esa es otra) Estas cosas, claro está, no se ponen en los programas se hacen y punto. Se hacen amparándose en que las señoras y señores diputados han sido elegidos por nosotros y por lo tanto, eso creen ellos, tienen patente de corso aunque sea a tiempo parcial. Pues no señor, eso no es así. Existe un mecanismo en democracia de que los políticos huyen como del diablo. El referéndum, justamente. En España, desde que yo recuerde, no se convoca un referéndum si no se sabe de antemano que se va a ganar. Si la cosa no está clara no hay referéndum y santas pascuas. Por lo tanto los ciudadanos podemos opinar en la radio, en los periódicos, en los bares, en la calle… pero donde de verdad  hace daño, en las urnas, nada de nada. Cuatro años de mutismo absoluto son muchos años ¿No creen? Cuatro años oyendo a Rajoy diciendo que solo nos falta un pelín para volver al progreso, cuatro años oyendo a Rubalcaba señalando lo mentiroso que es Rajoy con lo bueno que era él antes, cuatro años soportando a estos ministros que solo persiguen adornar la realidad a ver si cuela o cuatro años escuchando a una oposición más empeñada en recuperar el poder que a poner soluciones sobre la mesa, cuatro años digo, pueden ser eternos,  a no ser, y a lo mejor es lo que se pretende, que nos desentendamos de la política y les dejemos a ellos solitos con sus cosas, con sus Bárcenas y sus Gurtel, con sus rolletes en Andalucía, sus comisiones del 3% (Cataluña), sus planes urbanísticos frustrados  (Dehesa Mari Martín en Navalcarnero) y sus obras faraónicas sin utilidad clara, amén de sus inauguraciones o saraos propios de su cargo y con cargo, valga la redundancia, a nuestro bolsillo. Y no me digan de unos o de otros que me da igual. Mientras en sus programas previos a las elecciones no figuren las cosas que de verdad van a hacer y mientras en el caso de que surja algo importante, no previsto, nadie me consulte para ver que me parece, yo, no creo en ellos. Ahora andan enredados con las elecciones europeas. Da gusto ver las flores que se dedican unos a otros. Tres cuartas partes de su discurso la utilizan en denigrar al contrario y la otra cuarta parte a predicarnos utopías que nunca van a llevar a cabo. ¿Cuánto tiempo va a seguir esto así? ¿O es que esto es así? Yo es que en 35 años de democracia solo he conocido esto. Promesas que no se cumplen y mentiras a raudales. Al final solo creo que me aplican el viejo dicho que me decía mi abuelo (que por cierto, era un sabio) Aquello de "Prometer hasta meter" y la mayoría de las veces (siempre) "Después de metido, nada de lo prometido"!Que razón tenías abuelo¡ Se pasarán cien años y seguiremos en las mismas. Yo ya no sé si es que somos unos ingenuos o unos gilipollas.
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Cantos de Sirena

. J. Cardeña  .

Dice la leyenda que los marineros, cuando se hacían eco de los cantos de sirena acababan en el fondo del mar. Una musiquilla desafinada está empezando a sonar e insistentemente nos dice que hemos de alegrarnos por las buenas nuevas que nos aguardan a la vuelta de la esquina.
En un artículo anterior hacía referencia a la tendencia en general y, en particular, del actual gobierno del Partido Popular de incluir las medidas gravosas para la ciudadanía al comienzo de la legislatura. De esta forma, cuando se aproximaran las siguientes elecciones, el olvido y la propaganda -que no los hechos-  se encargarían de concederles un mandato renovado. Todo muy estudiado, pero veamos la situación. En las anteriores elecciones fueron votados con la idea de que aquellos años de bonanza volverían a hacer acto de presencia por el simple hecho de estar ellos en el gobierno: estaba en el imaginario colectivo que fueron buenos años en los que había trabajo para casi todos. No obstante, la diferencia de las situaciones hace que tal pretensión sea de difícil cumplimiento. Recordemos la situación de partida de aquellos años: bajos tipos de interés, crédito accesible, cambio de moneda, ingreso de fondos estructurales procedentes de la Unión Europea, construcción desatada, industria produciendo bienes de consumo, empresas públicas rentables que fueron vendidas obteniendo así más ingresos, obra pública de desigual utilidad… Ahora, qué tenemos: hipotecas, casi seis millones de personas en paro, consumo por los suelos, pago y repago. Además, leyes que pretenden condicionar la libertad de expresión mediante sanciones y multas desproporcionadas, sensación de que los corruptos son impunes, servicios públicos recortados, subida generalizada de impuestos…
Los marineros, aun sabiendo lo que les esperaba, tenían una cierta justificación: las mágicas, hipnóticas e  irresistibles melodías les podían cautivar  conduciéndoles al abismo. Esas notas insistentemente desafinadas y monocordes que llegan a nuestros oídos, ¿conseguirán condicionar nuestra voluntad?
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. Mr. Darling  .
 
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Telemendicidad

.  Por Mrs. Darling.



Hace unos días el programa "Salvados" realizaba un reportaje que sacaba a la luz el desmantelamiento encubierto que está sufriendo de la Ley de Dependencia en España. Uno de los entrevistados puso sobre la mesa el concepto de telemendicidad. Esta idea, aunque aún no tenía un nombre concreto, ya empezaba a pasearse por mi cabeza y de hecho me pareció un nombre muy sugerente para esta nueva forma de espectáculo al que nos están acostumbrando últimamente.
No tengo tele en casa, pero se de la existencia de un programa de televisión que se dedica a televisar las desgracias, que por desafortunadamente viven a diario muchos españoles, con el objetivo de "ayudarnos entre todos". Además esto se produce en el seno de la televisión pública y con el beneplácito de nuestros gobernantes. Cuando me comentaron sobre la existencia de este nuevo tipo de reality (porque no es otra cosa que eso) aluciné. Me parece indignante y me niego a ser partícipe de este espectáculo, en teoría. Detrás de lo que se supone un acto de altruismo y solidaridad hay algo que se nos oculta. Estamos trasladando la resolución de distintas problemáticas sociales a las acciones ciudadanas. Señores, ese no es nuestro trabajo. Me parece inaceptable que tengamos que recaudar fondos para destinar a la investigación de enfermedades a través de un tele-maratón, que tengamos que recoger tapones para pagar tratamientos y operaciones o que tengamos que parapetarnos en la puerta de una casa para evitar que una familia sea desahuciada y se vea en la puta calle. Perdón por la expresión pero, en ocasiones, mi indignación no tiene límites.
Esto lo dice una que luego va y se mete en todo tipo de berenjenales para echar una mano a colectivos locales en exclusión gracias a la mala gestión de quienes cobran por "atender" nuestras necesidades... Actualmente ONG´s, asociaciones vecinales, plataformas ciudadanas y demás agrupaciones son las que están en las trincheras lanzando balones fuera. Cruz Roja, Cáritas y la asociación "EntreNosotros" se pelean a diario para conseguir alimentos y ropas para vecinos que no pasan por su mejor momento. ADAPNE trata de hacer ver que los discapacitados somos ciudadanos y como tales tenemos los mismos derechos que el resto con acciones como donar una grúa para la piscina pública. ¡La piscina pública! Definitivamente nos están tomando el pelo, pero ¿qué hacer si no? ¿Quedarnos impasibles ante todo tipo de injusticias? Para mí no es una opción... 
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Hay que darles un escarmiento

.  Regino Marmol  .

Viene siendo costumbre en este país que nuestros mandatarios, esos ilustres ciudadanos a los que encomendamos nuestra hacienda para que nos la gestionen solo nos hacen caso en las vísperas de unas elecciones.  Al día siguiente se presenta el equipo ganador adjudicatario del contrato y a los cuatro días si te he visto no me acuerdo y del contrato de mandato ya hablaremos. Incumplirlo unilateralmente por su parte es costumbre y ya se sabe que la costumbre si no se corrige se convierte en ley.
Ahora de nuevo nos toca elegir a los mandatarios que administrarán nuestra hacienda e intereses en el Parlamente Europeo. Ya estamos en campaña electoral y por ende toca el cuento de prometer y prometer hasta la saciedad, sabedores de que los de siempre alcanzarán su jugoso contrato que como es sabido pueden romper unilateralmente cuando les salga del forro. Siempre ha sido así y así seguirá hasta que pongamos freno a tanta mala costumbre.  Soy de los que opinan que se merecen un escarmiento ejemplarizante de los de "no te menees". Aunque dudo mucho que se les de. Como se dice en mi pueblo: "cuando un tonto coge una linde, la linde se acaba y el tonto sigue", nada lo detiene, el tonto sigue, pasa por encima de lo que sea, incluso de su propia historia e intereses, da igual la corrupción, los abusos, los recortes, las protestas de vecinos; el tonto sigue adelante cegado por la ignorancia, la servidumbre y pleitesía que le caracteriza. Sigue tonto, sigue; sigue tonto, sigue; sigue adelante con tu linde…que así nos va "burraco".
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