sábado, 27 de julio de 2013

Contradicciones capitalistas: 13 millones de indigentes y 5 millones de casas abandonadas en México



La desigualdad en la riqueza revela absurdos continuos: 

¿Cómo explicar que existan casas abandonadas cuando millones carecen de ella?


La disparidad en la desigualdad del ingreso se percibe mundialmente con evidentes diferencias: mientras algunos viven rodeados de excesivos lujos, otros carecen de oportunidades. Por ejemplo, en el planeta se produce alimento para 12 mil millones de personas, casi el doble de la población mundial, y al mismo tiempo el 15% de los habitantes aún pasan hambre. 

En otro plano, pequeñas y medianas empresas que en casi todo el mundo son “ahorcadas” por impuestos, mientras las más grandes no pagan. Básicamente, estos fenómenos evidencian modelos que están lejos de “repartir el bienestar” entre la población, mediante regulaciones efectivas.

Un caso particular, en torno a las paradojas capitalistas, se registra en México: un estudio inmobiliario de BBVA Bancomer revela que hoy se encuentran abandonadas más de 5.5 millones de casas –tan solo en lo que respecta a viviendas de interés social–, mientras que un reporte de la CEPAL ( Comisión Económica para América Latina) advierte que en el 2010 había por lo menos 13 millones de indigentes en México.

En el 2008 La Comisión para la Regularización de la Tenencia de la Tierra (Corett) publicó un reporte de vivienda irregular en el país, el cuál delató que por lo menos el 30%, es decir 7 millones de viviendas, califican como tales, ya que están ubicadas en zonas naturales protegidas, carecen de derechos de propiedad o se encuentran construidas en zonas de riesgo. Lo anterior alimenta el absurdo y hace aún más contradictorio el hecho de que existan millones de casas en desuso.

Hoy, factores como la violencia, casas habitación alejadas de los centros urbanos, y condiciones poco estimulantes, por ejemplo espacios de menos de 30 m2, han provocado su masivo abandono. El “desperdicio” en sociedades polarizadas por la desigualdad es un lamentable hecho. Ahí es justamente donde el papel del estado es prioritario, pues si las fallas del capitalismo no son atenuadas por el gobierno, parece inevitable el preguntarnos: ¿entonces exactamente para qué sirve?


Autor: Ana Paula de la Torre

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