miércoles, 12 de marzo de 2014

Año III Núm. 19 - Febrero 2014

Síndrome de Estocolmo

.  Aristarco Milton  .

Se conoce  por el nombre de Síndrome de Estocolmo a una reacción psicológica de una persona que siendo víctima de un secuestro o retenida violentamente, poco a poco desarrolla un vínculo fuerte, incluso de carácter afectivo hacia aquello o aquel que la retiene y muestra complicidad y cercanía al motivo de esa retención. Se dan casos implícitamente de justificación y admiración del que  realiza el acto ya que no hay evidencia de violencia física porque los secuestradores muestran buenos sentimientos hacia sus reos. Hoy en día no es preciso ser burdo ni grotesco, para eso está la inteligencia.  En las páginas de Internet existen lugares en los que las sectas tienen un fantástico campo de acción, se introducen en las mentes de personas que frágiles e inseguras necesitan de algo que las cobije, las valore y sobre todo las ayude a encontrar sentido; buscan algo a lo que aferrarse y allí están ellos, elocuentes, cercanos, aduladores diciendo: "eres importante, te necesitamos, ayúdanos a seguir en nuestro camino, te damos esperanza". Se parece también a aquellos que rodeándonos de parafernalia y palabrería nos abrazan; cuánto te quiero, pero aquí a mi lado y no se te ocurra moverte porque te aplasto con mi fuerza. Es la violencia atroz del que se sabe querido y respetado desde el miedo: "No denuncies ya que te pediré perdón, disculpas y me perdonarás, pero en cuanto te despistes..." El que tiene el síndrome perdona y justifica: pobrecito/ pobrecita, es muy bueno/ buena conmigo y además hace lo que puede. En demasiadas ocasiones lo ensalza y valora; gracias a él estoy muy bien, me pone la pistola en la cabeza pero es bueno, me salva de todos mis males, aunque sea cuarenta años; él, pescando y firmando penas de muerte; yo diciendo que soy apolítico, él o ella o ello jugando con mi identidad y yo negándola por el respeto que me produce ¿con quién voy a estar mejor? Asisto a sus mítines, llevo su bandera en la mano y grito sus proclamas con verdadero furor, doy mi vida por ello, no importa que sea un libro medieval o más antiguo, no me importa que sea un icono del siglo XIX, no me importa que sea una simple idea. ¡Qué alegría! Somos tantos y todos unidos. No hay un ápice de verdad ni de dignidad en lo que dices, ni siquiera pides perdón  por tus fechorías y todos te votamos y te queremos, y te volveremos a votar, perteneces a mis siglas, eres del ppsssooppcciii, ¿y qué más da? , eres de los míos, de los que me esclavizan sin yo saberlo, pero de los míos, de los que me mienten pero de los míos.
Un calvo o medio imberbe y unas señoras en la televisión chillan y se enfurecen, afirmando que cada uno tiene la razón.  Ellos y solo ellos saben que la cornamenta de uno y una es por tal o cual y los cautivos, los reos del sofá, los espectadores lo hacen propio, interiorizan el mensaje que les van dando y se proclaman sus defensores y auténticos seguidores de estos iconos. En ocasiones, con carros de caballos o coches de altísima gama se desplazan por las calles para asistir a sus homenajes y las aceras llenas de gentes que les proclaman con sus vítores; sois grandes, grandes, grandes, pero cuando entran en sus lugares, los reos quedan fuera a esperar a que salgan para volver a ensalzarles. Ni un solo voto  de castigo, ni una negación, ni una renuncia, son mis representantes, son mis creadores, son mis iconos, son la autoridad,  son mi yo enajenado .Nada hay en mí que sea respetable excepto mi admiración por ellos, me agarro a lo que me mantiene preso porque es lo único que tengo. La autoridad es buena conmigo, yo soy su lacayo, bien domado que incluso justifico sus actos, le guardo sus discursos, perdono sus errores y le admiro. Es bueno que exista ya que si no, los malos me harían daño; él nunca me lo hace y además me paga bien, yo siempre estoy a su lado, sabe que puede contar conmigo para lo que sea y él sabrá valorarlo, siempre en su justa medida. Yo le pongo sus retratos en los sitios especiales, esculpo su efigie, me inclino ante su luz, me cubro con su bandera y si veo en él algo de corrupción ya se encargará de decirme que también eso es culpa mía, porque siempre es culpa mía.  
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La hora del café

.  Mis Marple  .

 
—Hola Juani. Hoy vengo de buen humor.
—¿Y eso? ¿Alguna razón especial?
—Pues figúrate que esta mañana era todo lo contrario; he visto la factura de la luz y me he cogido un cabreo… Y es que no lo puedo entender: si ya casi no uso el lavavajillas ni los calefactores eléctricos para gastar menos: Ya sólo nos falta alumbrarnos con velas, y a pesar de ello cada vez pago más, y más, y más… Claro que sí y es que se entiende: hay que pagar tantos sueldazos y liquidaciones supermillonarias a tantos parásitos que, realmente, nos están chupando la sangre.
—A ver quién no se cabrea viendo la factura de la luz ¿Pero entonces, ¿a qué  viene el buen humor?
—Pues porque he oído un chiste que me ha hecho reír un montón, y oye, me ha cambiado el ánimo. Y ¿sabes?, he pensado que en vez de oraciones todas las noches, antes de dormir, debería ser obligatorio un buen chiste. Seguro que dormiríamos mejor y, sobre todo, nos levantaríamos con mejor humor.
—Sí, hasta que escuches las noticias; y ahí, ni con los mejores chistes.
—Cierto. Es que eso sí que debería estar "prohibido", ahora que estamos en la época de "prohibirlo" todo.
—Bueno, pero cuéntame ese chiste tan gracioso.
—Pues verás, eh… Pues no me acuerdo. Pero era muy gracioso. Me reí mucho.
—¿Por qué será que se olvidan tanto los chistes?
—En cuanto me acuerde te lo cuento.
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Del origen de los sistemas 

de previsión social y la caja común

. Luis Javier Ruiz  .

Hoy no critico al alcalde. Hoy quiero reflexionar sobre cómo nos organizamos para que la Economía de Todos funcione. Quizás lo que leas no te guste. Si es así, disculpa. Sólo es una reflexión.
Me gustaría recordar que el origen de los Sistemas de Previsión Social (Sanidad, Sindicatos, Ayudas Económicas en huelgas y en situaciones de desempleo...) fueron las Cajas Comunes que los trabajadores constituyeron como manera solidaria de hacer frente a situaciones injustas provocadas por un sistema económico y de producción que ignoraba o abusaba de la indefensión de los trabajadores. Estos fondos se nutrían de los recursos que TODOS SUS INTEGRANTES aportaban para que, SI ALGUIEN LOS NECESITABA, pudiera usarlos.
Imaginemos por un momento que hablamos de un grupo de amigos (una peña por ej.), una asociación cultural, una comunidad de vecinos... ¿Consideras que el hecho de haber contribuído a ese fondo te da derecho a pedir sus beneficios aun sin necesitarlos? O mejor aún, te da derecho a exigir su devolución por no haberlo disfrutado nunca? ¿Qué requisitos establecerías para que se te concediera ayuda? Cómo te sentaría que alguien pidiese ayuda sin haber intentado antes no necesitarla? ¿Te imaginas al Tesorero adueñándose del dinero? Dejarías de contribuir al sostenimiento de la asociación de tu grupo de amigos o conocidos?
Imaginemos ahora que esa asociación crece hasta necesitar que alguien se dedique a gestionar sus recursos (recaudarlos, administrarlos y concederlos a quienes, según la voluntad de sus componentes mediante las directrices de sus estatutos, lo puedan necesitar) y la relación de amistad y el contacto entre socios haga esta gestión menos transparente.
Imagínate ahora al tesorero adueñándose del dinero. ¿En qué ha cambiado la historia? Imagínate que los gestores les ceden los recursos a "quienes mejor les caen". O peor aún, se los autoconceden. ¿Sería más fácil dejar de contribuir ahora?
Seguramente saber que quienes deberían velar por los intereses y LOS BIENES DE TODOS los están saqueando, malversando y no sé qué más, nos da pie a tomar medidas insolidarias contra el bien (o bienes) común. Te invito a que retrocedas al primer caso en el que el tesorero era conocido y cercano a ti y al resto de asociados. ¿Actuarías del mismo modo resignado y cómplice o intentarías quitarle sus atribuciones, denunciarlo frente al resto de la comunidad (seguramente amigos) y obligarle a restituiros todo lo robado o mal gestionado?
A veces caigo en la falacia de creerme que los gobernantes son corruptos porque lo somos quienes se lo permitimos al votarles legislatura tras legislatura. Pero quizás sea al contrario. Quizás ocurre que tengo la excusa perfecta para no contribuir, para exigir que se me devuelva todo lo aportado y no consumido, para utilizar lo de todos en mi beneficio particular sin sentirme mal. Todo porque el alcalde cobra casi los 6.000  € al mes y recorta el sueldo y despide gente recortándome servicios.
La próxima vez que caiga en esa falacia buscaré asociarme con gente que no aguante que la estafen (no hay tanta a la vista). Gente que crea que lo que se consiguió hace ya más de 100 años no se pierda en 2. Gente que crea que lo de vivir en un Estado Social no tiene nada que ver con siglas de formaciones políticas, que crea que el artículo 40.1 de la Constitución es un derecho irrenunciable; y el 41 y el 42 y el 50. Y estudiaré cómo hacer a esos gobernantes (gestores de “lo nuestro”) que lo hagan bien porque se comprometieron jurando frente a lo que se supone más sagrado para éllos. Pero evitaré dejar de cumplir con mis obligaciones de SOCIO RESPONSABLE-CONTRIBUIDOR-BENEFICIARIO. Porque, como hace poco Sergral apuntaba en estas páginas, la SOCIEDAD REFLEJA EL CARÁCTER DE SUS INDIVIDUOS.

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Pequeños apuntes sobre la crisis

.  José Luis Bermúdez  .

La Historia siempre la han escrito los vencedores y se ha ocultado siempre a los vencidos; las vÍctimas, los perdedores, han dejado de existir, así como sus conocimientos, sus tradiciones y su cultura, y esto nos ha empobrecido irremediablemente. La civilización depredadora del resto del planeta y de la vida tiene un nombre: es la civilización occidental, eurocéntrica en sus comienzos y a la que luego se añadieron los EEUU y el resto de países que conforman lo que hoy conocemos como el Primer Mundo.
Esta civilización surge con la aparición de lo que en Europa dimos en llamar la modernidad: desarrollo científico y tecnológico y pensamiento moderno que se inicia con Descartes. Aparecen la máquina de vapor y la energía fósil; al principio el carbón, después el petróleo y el gas natural, y por primera vez el hombre ya no depende solo de la energía solar; también dispone de unas enormes reservas de energía fósil que nuestro planeta formó durante millones de años. De una forma sucinta diremos que a la ideología colonial y patriarcal se le añadió el mundo capitalista en estos momentos históricos, y todo sufrió una aceleración que nos ha conducido a la ideología neoliberal capitalista que en estos momentos está poniendo en peligro, no solo a la civilización occidental, sino a todo el planeta, a su medio ambiente y a la vida, en forma de cambio climático por la polución, desarrollo de megalópolis (con el consiguiente despilfarro que eso conlleva) y creación de infraestructuras para el desarrollo del automóvil, que colabora en grado sumo a la polución y al excesivo gasto de energía. Este capitalismo neoliberal cuando crece devasta el medio ambiente y la calidad de la vida del hombre, y cuando no crece también, (ver lo que está pasando con los recortes). Este capitalismo ha conseguido tanto éxito que para que viva una minoría, ha arruinado al planeta, tanto al medio ambiente que es la casa de todos como al hombre, condenado a la escasez, a la miseria y a la desaparición de la biodiversidad.
Urge salir de este sistema, nos va la vida en ello. No será fácil, pero aquí recuerdo la famosa frase profética de Gandhi: "La Tierra tiene riquezas suficientes para todos; lo que no tiene son riquezas suficientes para la ambición de unos pocos".
 Amigo Juan: Añadí un comentario a tu artículo sobre Darwin y como comprenderás, yo no estoy de acuerdo con lo que afirmas sobre su genialidad. El comentario no salió: no me manejo bien con la informática. Para mí, Darwin fue un juguete en manos de personas de mucho poder: T.H. Huxley, Cooper, Malthus, su primo Herbert Spencer... que modelaron su obra para justificar el capitalismo naciente en la burguesía inglesa. El darwinismo fue defendido por el entonces todopoderoso presidente de la Royal Society T.H. Huxley y fue para justificar los atropellos y desigualdades que estaba generando el capitalismo. Mira por dónde este mito ha llegado hasta nuestros días y tiene relación con el tema fundamental de este artículo sobre la crisis.
No te preocupes, Juan, la mayoría de la humanidad comulga con ese mito y yo mismo habría suscrito completamente ese artículo hace diez años. La lucha por la vida y la victoria del más apto ha justificado científicamente todas las tropelías de este capitalismo, depredador y patriarcal que con el neoliberalismo ha llegado a límites intolerables.
 
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Los negritos

.  Javier Ruiz-Medrano Lucas  .

Los que ya tengan algunos años recordarán con nostalgia aquello del Domund. Fundado en 1926 no llegó a España hasta 1943. Su fin principal era recaudar fondos para las misiones católicas repartidas por todo el mundo. Creo que a día de hoy aún sigue en actividad. Mi experiencia es de los últimos años sesenta y primeros de los setenta. Recuerdo aquellas huchas con forma de cabeza de las cuatro razas humanas que, en principio, necesitaban de toda nuestra ayuda. Había un negro, un chino, un indio americano y un, como decían ellos, aceitunado representante de Oceanía. Con aquellas huchas-cabeza se salía a pedir por las calles y curiosamente la que más recaudaba siempre era la del negrito.
En aquellos años los negritos o los chinitos eran pueblos lejanos y cercanos a la edad de piedra que inspiraban los más tiernos instintos entre la población y no dejaban de ser referencias exóticas de un mundo  fantástico. Nosotros, los europeos, como gentes de buen corazón ayudábamos a aquellos pueblos a salir del subdesarrollo mediante nuestras limosnas. Los curas predicaban aquello de la caridad con el prójimo que sonaba tan bonito en los púlpitos y nosotros metíamos nuestras moneditas en aquellas cabecitas de chinitos o negritos. Como niños que éramos lo teníamos claro. Había que ayudar a aquellos pueblos salvajes a caminar por la senda de la civilización y el progreso y de paso adoctrinarles en la fe católica en detrimento de sus culturas y religiones trasnochadas y perdidas en la noche de los tiempos.
Todo muy bonito, hasta bucólico diría. Pero la realidad, como siempre, era otra. Lo que no nos decían nuestros gobernantes eran las causas de la pobreza extrema de aquellas gentes. De dónde provenían sus sufrimientos y penalidades ya en pleno siglo XX. Si las colonizaciones de los siglos XV y XVI fueron nefastas para todas estas personas el proceso de descolonización fue el que acabó de rematarlos. Al conseguir su independencia, estos pueblos cayeron en su mayoría en manos de dictadorzuelos corruptos que, de una manera o de otra, siguieron esquilmando a sus paisanos, la mayoría de las veces en connivencia con las antiguas metrópolis.
Y ahí estamos. El viejo dicho de "No le des un pez, enséñale a pescar" lo ignoramos todas las potencias colonizadoras, España incluida, y nos limitamos a sacar todo el provecho posible de unas tierras en las que se vivía tan ricamente antes de que llegáramos nosotros con nuestras cruces y nuestras banderas. En régimen de esclavitud o semi-esclavitud empleamos a aquellos hombres para la depredación de sus propias tierras y cuando nos marchamos de allí, aún hoy, seguimos haciéndolo por medio de nuestras multinacionales y empresas parecidas.
De nada sirve nuestra caridad. De nada sirve que les mandemos dinero ni que hagamos colectas pensando que les ayudamos a progresar. El capitalismo no les deja y sus gobernantes corruptos tampoco. Hasta hace unos años el problema era ignorado en Occidente. África estaba muy lejos de Europa. No digamos Sudamérica y las tierras de Oceanía. Ahora ya no. Ahora están llamando a la puerta de nuestras fronteras. Han empezado a no querer que les mandemos comida y vienen ellos a buscarla. Pronto no habrá valla por alta que sea que logre detenerlos. Los sucesos de las últimas semanas en Melilla son buena prueba de ello. Ya no son aquellos negritos de las huchas del Domund que nos resultaban tan simpáticos. Ahora quieren sentarse a nuestra mesa y disfrutar de lo que durante cientos de años les hemos quitado. Quieren vivir como nosotros y disfrutar de un pastel que no dará para tanto. El problema por lo tanto está servido. Las soluciones son difíciles y espero que no imposibles. Está muy bien el trasiego de organizaciones de caridad, de médicos sin fronteras, de oenegés y demás organizaciones parecidas. Pero no atajarán el problema. Aquellos negritos del siglo pasado han aprendido que existe un mundo mejor. Han visto por la tele los desfiles de moda, los partidos de fútbol, las playas, los coches… se han formado una idea del paraíso y la persiguen aunque pierdan la vida en el intento. No hay guardia civil que los pare. Ni con pelotas de goma ni con vallas metálicas que lleguen hasta el cielo. La desesperación es un arma demoledora y a ellos les sobra. Si no nos tomamos en serio a estos países de donde proceden cavaremos nuestra propia tumba. Y digo tomarlos en serio en el aspecto de proporcionarles las herramientas necesarias para que lleven a cabo su propio desarrollo, algo totalmente opuesto a que sus riquezas, en muchos casos ingentes, sean explotadas por las multinacionales que asolan, he dicho asolan sí, el planeta. Si no lo hacemos pronto vendrán a exigírnoslo. No serán cientos, serán miles, cuando no millones. Nuestras fronteras serán de papel ante tamaña amenaza. Los tiempos de la caridad y de la compasión se han acabado. Aquel negrito de las huchas del Domund se ha hecho un hombre y necesita vivir como tal. Recuerdo una viñeta gráfica de hace más de treinta años en la que aparecían dos españoles mirando el estrecho de Gibraltar desde España. Al otro lado, en África, se podía ver una horda de gente que avanzaba hacia el mar. Uno de los españoles le decía al otro: "¿Sabes que mientras avanzan hacia nosotros la compasión se me está transformando en miedo?" Ahí estamos señores mandamases y gobernantes todos. Los negritos ya no se dejan engañar.
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¿Lo ves?
Ya no lo ves

.  J. Cardeña  .

Con peores artes que los trileros (con estos al menos se puede elegir participar en el juego o no). En la comercialización de determinados productos financieros ofertados por diversas entidades, el factor confianza fue determinante a la hora de aceptar participar en este tipo de inversión.
El caso de Bankia (antes Caja Madrid), por la cantidad de afectados que sufren las consecuencias de estas aventuras financieras, es el que más ocupa la atención de los medios por el agravante que supone a quien se ofrecieron los productos: jubilados y trabajadores que tenían depositados sus ahorros de toda la vida, que han visto como estos se han esfumado.
Un poco de cronología: Bankia-Caja Madrid era una entidad financiera pública y solvente. Destinaba recursos para obras sociales y daba a los depositantes tranquilidad. Entre sus acciones, las operaciones de alto riesgo eran muy limitadas. Con la burbuja inmobiliaria la situación empezó a cambiar: si tú pedías 100, te daban 120 o más, por lo que la fiesta parecía no tener fin. Éramos los nuevos ricos de Europa y viajábamos viento en popa.
¿Qué pudo fallar? Lógicamente esta es una pregunta retórica. A título ornamental (aunque cobrando), en el equipo directivo había representantes de partidos políticos y sindicatos, por lo que así, aunque las decisiones las tomaba un núcleo restringido, las responsabilidades se compartían entre todos. De esta forma sería más fácil diluir las consecuencias negativas de decisiones interesadamente equivocadas.
Todo iba bien y ¿qué se hace con algo público que funciona? Lo que estamos pensando: privatizarlo. Luego, a sacar acciones al mercado para hacer partícipes a los que aún quedaban con recursos del beneficio. Esta fue otra jugada maestra y como se sabe a día de hoy casi todo lo tienen perdido. Pero esto sigue: de nuevo tenemos una empresa pública, hemos puesto entre todos una ingente cantidad de euros que seguro recuperaríamos (o eso decían), pero con el inaugurado formato de venta fraccionada nuestras pérdidas continúan aseguradas.
¿Lo ves? Pues ya no lo ves.
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Sr. Darling


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¿Hay alguien ahí?

.  Marta Catalán  .


ElEso es todo. ¿Qué te ha parecido? Aún no lo has leido entero: tú ya tienes tus autores favoritos y vas derecho a sus artículos, o prefieres empezar por los más cortos, o quizás lo que haces es echar un vistazo a los titulares y según lo que veas decides por dónde empezar. Está bien. Tómate tu tiempo. Te espero.
Hola otra vez. Ahora sí. ¿Y bien?, ¿qué te ha parecido? ¿Era lo que esperabas? No sé si lo sabes, pero una de nuestras reglas es enterarnos de lo que han escrito los demás después de haberse mandado el boletín a imprenta, así que ya tenemos algo en común: los dos somos lectores de La Voz del Ateneo. No sé cómo lo ves tú, pero a mí esto me parece un muy buen comienzo. Empezamos con esto en junio de 2012 y creo que ya va siendo hora de que nos cuentes algo de ti. ¿Te parece? Estupendo. Vamos allá.
¿Cómo has conseguido este número? ¿Es el primero que lees? ¿Vas al blog a buscar los números que no has encontrado en versión impresa? ¿Y cuál es la rutina? ¿Lo lees enseguida? ¿Te lo llevas para tener algo que hacer mientras viajas, esperas, estás en el baño...? ¿Lo guardas después de haberlo leído? (Si no, ¡espero que lo tires en el contenedor de papel!). Imagino que alguna vez se lo habrás pasado a alguien para que leyera algún artículo en concreto. Gracias, esa es la idea.
¿Qué sensaciones experimentas cuando nos lees? ¿Sonríes, te aburres, te enfadas? ¿Asientes?, ¿no estás de acuerdo con algo y lo comentas en voz alta con quien estés, o coges un bolígrafo y anotas algo al margen? Es verdad: ¡no hay mucho espacio! ¿No has pensado nunca en ponerte en contacto con nosotros? ¿Por qué no? No tienes email. ¿En serio? No me lo creo. Da igual, tendrás lápiz y papel. Ya, no sabes a quién dirigirte. Bueno, seguro que se te ocurre algo...
Wilde dijo: "No existen más que dos reglas para escribir: tener algo que decir y decirlo".  
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¿Qué tal, campeón?

.  Regino Marmol  .

El lenguaje que surgió de la calle a finales de los años 70 y principios de los 80  dejó palabras con un fuerte simbolismo enriquecedor que se apoderó de todos nosotros durante largo tiempo. Marcaba territorio y lugar de procedencia además de diferenciar una generación de otra que apenas entendía el “largar” que se usaba.
Palabras como colega, tronco, dabuti, talego, cheli, viejo, piba, gallumbo, colgao, buga, madero, loro, peluco o chupa, entre muchas otras, fueron durante mucho tiempo tan cotidianas en el argot de la época y calaron tan profundamente que aún hoy muchas de ellas las seguimos diciendo. Seguramente si todo ese argot se tuviera que significar en una palabra, podría ser posiblemente la palabra “colega” en su acepción de amistad.
Ahora ya no somos “colegas”, somos machotes, campeones y en ocasiones hasta chavalotes, aunque tengas más de cincuenta años y estés “enclenque perdio”.
La creatividad del lenguaje ha bajado sustancialmente en este aspecto. Machote y chavalote si eres de Bilbao tiene un pase, pero a cuento de qué si no eres de allí. Además si fuera una fémina la que te lo dijera todavía tendría algún sentido, aunque no sé yo si también te lo tomarías un poco a pitorreo,  pero que te lo diga un señor con bigote es para mosquearse.
Y ya lo de campeón es de traca. ¿Campeón de qué? Como no sea de levantar botellines de la Mahou en barra fija... No me jodas.  
 
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