miércoles, 6 de agosto de 2014

Así de grandes son las ideas




“El mejor momento para plantar un árbol 
fue hace 20 años. 
El segundo mejor momento es ahora”. 
Proverbio Chino.



El hombre que detuvo el desierto.


La sobre-explotación agrícola, el sobre-pastoreo, y la sobre-población, convirtieron la tierra de Burkina Faso, un país en el interior del continente africano, en desierto. Yacouba Sawadogo, un campesino analfabeto de Burkina Faso, decidió desenterrar lo único que no se perdió: sus costumbres ancestrales.

En 1980, comenzó a practicar una metodología ancestral de siembra y cultivo, llamada “Zai”, logrando el crecimiento de la vegetación y mejorando la calidad de la tierra.

Zai es una técnica muy simple y de bajo costo: con una pala o un hacha, se cavan pequeños pozos en la tierra que posteriormente son llenados con abono y semillas. Estos pozos reciben y son capaces de almacenar el agua de la temporada de lluvias, logrando retener la humedad durante la época de sequía.

En la época de sequía Yacouba debía trabajar arduamente con su hacha para preparar la tierra para la llegada de las lluvias. Sus vecinos se reían de él, pero pronto debieron reconocen que tenía razón. En tan sólo 20 años, logró convertir una tierra vacía y desolada en un bosque de 30 acres, lleno de vida y con más de 60 especies de árboles.



“Si te quedas en tu pequeña esquina del mundo, tus conocimientos no servirán a la humanidad”, reflexiona. Por eso, comparte su conocimiento con quien quiera aprender, dictando talleres en su tierra. “Si cortamos 10 árboles diariamente y ni siquiera plantamos uno en un año, vamos directo a la destrucción”

En el 2010, Mark Dodd, cineasta ganador de varios premios, filmó un documental basado en las experiencias de Yacouba, llamado “El hombre que detuvo al desierto“. La película ayuda a desmentir el concepto general de que África necesita del resto del mundo para solucionar sus problemas. “Debemos dejar de enseñar y hablar, para comenzar a aprender y escuchar lo que los campesinos tienen para decir” dice Chris Reji, del Centro de Cooperación Internacional, experto en conservación de la tierra y el agua.





El hombre que creó un bosque.


“Las serpientes murieron de calor, sin ningún tipo de sombra arbórea. Me senté y lloré sobre sus cuerpos sin vida. Fue una carnicería. Alerté al departamento forestal y les pregunté si se podían plantar árboles ahí. Me respondieron que nada crecería en ese lugar. Me dijeron que tratara de plantar bambú. Fue doloroso, pero lo hice. No había nadie que me ayudara. Nadie estaba interesado” recuerda Jadav “Molai” Payeng sobre las inundaciones de su pueblo, en la región norteña de Assam en India.

Pronto el banco de arena sin sombra se transformó en un entorno que funcionaba por sí solo y donde una variedad de criaturas podían vivir. El bosque, llamado Molai, sirve hoy como refugio para numerosas aves, ciervos, rinocerontes, tigres, elefantes y especies en riesgo por la pérdida de sus hábitats en otros lugares.

Aunque suene increíble, este lugar alberga hoy un extenso bosque de 1.360 acres que Payeng plantó con sus propias manos, cuando tan sólo tenía 16 años…







El hombre que limpió un humedal.


“Esta es una iniciativa que nace de un interés personal, pues mi padre solía llevarme a este humedal a pescar. Salvar el Cascajo es como recuperar parte de mi infancia. Luego, la iniciativa se convirtió también en un interés profesional, pues puedo aplicar mis estudios sobre el medio ambiente”

Cuando Marino Morikawa, científico peruano, vio que el humedal de su infancia estaba tan contaminado que planeaban cubrirlo, resolvió recuperarlo con sus propios medios.

Echando mano de los conocimientos que adquirió en la universidad japonesa de Tsukuba, donde la primera regla que aprendió fue que no se puede salvar un ecosistema sin seguir sus reglas, Morikawa dividió el humedal en ocho sectores con cañas de bambú para retirar las algas acuáticas y “construyó una plataforma de tubos de plástico sujetos con varas de acero”. Luego aplicó biofiltros.


Su esfuerzo se vio finalmente recompensado, pues setenta especies de aves y tres especies de peces regresaron al humedal. Ahora el científico y un grupo de trabajo asociado a él, planea dedicarse a la recuperación del Río Chira y el lago Titicaca.

“No es nada imposible es algo sencillo y lo bueno que se está formando el grupo de trabajo. El Río Chira si se maneja en menos de dos años se pude recuperar, el lago Titicaca en seis meses”.



Las niñas que crearon energía de la orina.


Las niñas nigerianas Duro-Aina Adebola (14), Akindele Abiola (14), Faleke Oluwatoyin (14), y Bello Eniola (15), no han llegado aún a la universidad, pero eso poco importa: han inventado un generador eléctrico que funciona con orina.

Eso sí, requiere de electricidad inicial para hacer funcionar la celda electrolítica, y el hidrógeno es explosivo. Pero este aparato es capaz producir 6 horas de energía con un litro de orina.



El hombre que creó luz de una botella.


“Los únicos lugares que tenían electricidad eran las fábricas, no las casas de la gente”, cuenta con ironía Alfredo Moser, refiriéndose a la ciudad en la que vive, Uberaba, en el sur de Brasil.

Durante uno de los frecuentes apagones que ocurren en el país, a Moser se le encendió otro tipo de bombilla.

Moser y sus amigos empezaron a preguntarse qué podrían hacer en caso de que se presentara una emergencia como, por ejemplo, que un avión pequeño sufriera un accidente y perdiera altitud, imaginando que no tuvieran fósforos.

Su jefe en aquel momento sugirió utilizar una botella de plástico vacía, llenarla de agua y utilizarla como un lente para que los rayos de sol cayeran sobre grama seca. El fuego resultante podría servir para dar aviso a los equipos de rescate.

La idea se le quedó a Moser en la cabeza, y empezó a hacer pruebas, llenando botellas y haciendo círculos de luz refractada. Poco tiempo después, su invento estaba terminado.


“No hice ningún dibujo con su diseño”, cuenta el brasileño. “Es una luz divina. Dios nos dio el Sol a todos, así que la luz es para todos. Quien quiera (usar su sistema de iluminación), ahorra dinero. No vas a electrocutarte con esto y no te cuesta ni un centavo”.

Así pues, decidió instalar lámparas hechas de botellas en las casas de los vecinos y en el supermercado local.

“Hubo un hombre que empezó a utilizar las botellas en su hogar y, en un mes, ahorró suficiente para pagar por las cosas básicas que necesitaba para su hijo, quien estaba a punto de nacer. ¿Puede creerlo?”, dice. “Nunca me lo hubiera imaginado. Se me pone la piel de gallina al pensarlo”, dice, mientras tiembla de emoción.

La Fundación MyShelter, en la República de Filipinas, le creyó.

Esta organización se especializa en construcciones alternativas, haciendo casas utilizando materiales sostenibles y reciclables como bambú, llantas y papel.


“Recibimos grandes donaciones de botellas. Algunas las llenamos de barro, e hicimos las paredes, a otras les pusimos agua para hacer las ventanas”. “Cuando estábamos tratando de poner más, alguien dijo: ‘hay una persona que hizo eso en Brasil. Alfredo Moser las pone en el techo”, recuerdan.

La idea también ha sido popular en unos 15 países más, como India, Bangladesh, Tanzania, Argentina y Fiji.

Aunque también es posible encontrar el invento de Moser en comunidades remotas que viven en islas. “Dicen: ‘Se lo vimos a otros vecinos y parece ser una buena idea’”




El pueblo de las bicimáquinas.


En la localidad de San Andrés Itazapa, en Guatemala, los habitantes se han valido de su ingenio para crear bicimaquinas. El trabajo de poderosas máquinas industriales se ve reducido a “bicicletas” con las que basta pedalear para producir la energía que impulse el mecanismo de las mismas, y así sustituir la electricidad con que funcionan licuadoras, lavadoras, trilladoras, bombas de agua, molinos o despulpadoras.

Las bicimáquinas sirven también para la elaboración de frutos secos, batidoras para la fabricación de jabones y champús, así como productos alimenticios. San Andrés y Guatemala se encuentran entre los 10 lugares más pobres del mundo, pero son ricos en ingenio y artesanía. También lo son en riqueza natural, rodeados de un espeso bosque limpio, y lo mejor es que se saben ricos. "No utilizar combustibles que dañan nuestro medio ambiente. Ese es el éxito de nuestra organización." César Molina, presidente de Maya Pedal.

Como una iniciativa para el desarrollo sostenible en Guatemala, surgió en 2001 la Asociación Maya Pedal. La asociación ha creado toda una red compuesta entre habitantes del lugar y voluntarios provenientes de todo el mundo que colaboran en la fabricación de estos originales artefactos. También cuenta con un taller propio donde la población produce las bicimáquinas.

Y de pedaleo en pedaleo, es otra idea que se ha desplazado a otros continentes. En el africano, algunas comunidades ya pedalean a turnos y se reúnen en círculo, para poder hacer sus quehaceres por la noche bajo el murmullo de las conversaciones. La idea es que todos podamos diseñar y construir nuestras propias bicimáquinas, por lo cual en las páginas de Maya Pedal y Bicimáquinas.com podemos encontrar manuales e instrucciones para descargar libremente.







El pueblo de raíces vivas.


“Este puente vivo crecerá durante 500 años. Tus hijos lo utilizarán, y los hijos de tus hijos.” le advierte su tío a Juliana, que será la siguiente encargada de cuidar de esta arquitectura viviente.

En los bosques de Meghalaya, en Cherrapunji, India, el pueblo de los Khasis ideó hace siglos una forma para cruzar muchos de los ríos que recorren su húmeda región, ya que cada año, los suaves ríos cambian a ser torrentes, casi imposibles de cruzar. Dirigiendo las raíces de una especie muy abundante del árbol del caucho, o Ficus elástica, son capaces de crear sistemas vivos de puentes. Este árbol produce una serie de raíces secundarias desde más arriba del tronco y pueden posarse sobre enormes rocas a lo largo de las riberas de los ríos, o incluso en medio de los propios ríos.

Los puentes están vivos, y con el tiempo (algunos tienen siglos de antigüedad) crecen cada vez más fuertes, pudiendo soportar el peso de cincuenta o más personas a la vez. Algunos de los puentes tienen más de cien metros de largo, y toman de diez a quince años para ser completamente funcionales. En algunos casos llegan a superar los 30 metros de altura y los hay de dos pisos, como el “Puente de raíz Umshiang”.

Eso sí, para que se mantengan, tienen que revisarlos generación tras generación. Es un proyecto que ningún ser humano puede completar en una sola vida. Por eso, Harley pasa sus conocimientos a Juliana…


…Ojalá nunca pierdan sus raíces…







“Si haces planes para un año, siembra arroz.

Si lo haces por dos lustros, planta árboles.

Si lo haces para toda la vida, educa a una persona.”

Proverbio chino.


Fuentes:

http://www.veoverde.com/2012/04/un-hombre-en-india-planta-un-bosque-de-1-360-acres/
http://actualidad.rt.com/sociedad/view/129932-peru-cientifico-recupera-humedal-descontaminar
http://www.bbc.co.uk/mundo/noticias/2013/08/130816_finde_alfredo_moser_inventor_botella_luz.shtml
https://www.youtube.com/watch?v=WvT_QgAxDR8
http://www.labioguia.com/generador-electrico-que-funciona-con-orina/
http://www.eldiario.es/desalambre/se-mueven/India-arunachalam_murunganantham_0_237977043.html
http://www.guelaya.org/textos/el%20hombre%20que%20plantaba.htm
http://blog.ourmark.com/yacouba-sawadogo-el-hombre-que-freno-el-desierto/?lang=es
http://www.larepublica.pe/01-06-2014/cientifico-peruano-marino-morikawa-logra-descontaminar-
importante-laguna-de-huaral
Human Planet.


Fuente: http://unaantropologaenlaluna.blogspot.com.es/2014/07/asi-de-grandes-son-las-ideas.html

No hay comentarios:

Publicar un comentario en la entrada